Haití: abandonado por Dios… y por los hombres

La primera vez que llegué a Haití, mi ‘fixer’ me recomendó teñir de rojo una compresa para que, si nos asaltaban, pensaran que tenía el periodo y, por superstición, no me violaran. La última que salí de allí, faltaban tres meses para que ocurriese el terremoto de 2010 . Desde el aire, a La Española la divide una cicatriz que separa el verde exuberante de República Dominicana del marrón yermo de Haití. Desde el suelo, la diferencia es todavía peor . El río que dibuja parte de la frontera se llama Masacre, en una especie de broma de mal gusto. Pensé entonces que la desgracia (más de 220.000 muertos y 300.000 heridos) serviría para que la comunidad internacional mirase, por… Ver Más