Durante décadas, los Mundiales han dejado historias que van mucho más allá de los campeones. Hay selecciones irrepetibles, futbolistas que alcanzaron la gloria en apenas unas semanas y héroes que terminaron teniendo un destino mucho más complejo que el que parecía escrito sobre el césped. Algunas de esas historias acabaron con una retirada tranquila. Otras, en cambio, terminaron mezclándose con la política, el poder y el exilio. Pocas reflejan mejor esa transformación que la de Hakan Şükür, el gran ídolo del fútbol turco que pasó de ser un símbolo nacional a convertirse en un hombre perseguido por su propio país.
En esos años fue imposible contar el fútbol turco sin pronunciar su nombre. Hakan Şükür fue el delantero más importante de la selección, el máximo goleador histórico del país y una de las grandes figuras del Galatasaray que conquistó la Copa de la UEFA en el año 2000. Dos años después alcanzó la cima de su carrera en el Mundial de Corea y Japón.
Aquel torneo cambió para siempre la historia del fútbol turco. Contra todo pronóstico, Turquía alcanzó las semifinales, solo cayó ante la futura campeona, Brasil, y terminó conquistando el tercer puesto tras derrotar a Corea del Sur. Fue la mejor actuación mundialista de su historia y convirtió a aquella generación en un motivo de orgullo para todo el país.
En ese partido por el tercer puesto llegó una acción que todavía hoy permanece intacta en los libros de historia. Apenas habían transcurrido once segundos cuando Şükür aprovechó un error de la defensa surcoreana para marcar el gol más rápido de la historia de los Mundiales. Aquel tanto resumía perfectamente la dimensión del delantero: máximo goleador de Turquía, referente de la mejor selección que ha tenido el país y autor de uno de los récords más emblemáticos del torneo.
Tras colgar las botas, su vida dio un giro inesperado. En 2011 fue elegido diputado por el AKP, el partido liderado por Recep Tayyip Erdoğan. En aquel momento ambos compartían proyecto político y nadie podía imaginar que, pocos años después, terminarían enfrentados de manera irreconciliable.
La ruptura llegó por la creciente guerra entre Erdoğan y Fethullah Gülen. Durante años, ambos habían colaborado para consolidar el poder del nuevo Gobierno turco. Sin embargo, esa alianza terminó convirtiéndose en una lucha abierta por el control del Estado. Şükür mantuvo su cercanía con el movimiento de Gülen incluso cuando este pasó de ser un antiguo aliado del Gobierno a convertirse en su principal enemigo político.
El punto de no retorno llegó tras el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016. El Ejecutivo turco responsabilizó a Gülen y a su organización de la intentona golpista y lanzó una enorme operación de detenciones y purgas. Miles de funcionarios, militares, jueces, profesores, periodistas y empresarios fueron investigados o encarcelados por su supuesta vinculación con ese movimiento. Entre ellos apareció también Hakan Şükür.
Las autoridades emitieron una orden de arresto contra el exfutbolista, lo acusaron de pertenecer a una organización terrorista y confiscaron buena parte de sus bienes. Şükür siempre negó cualquier participación en el golpe y defendió que estaba siendo perseguido exclusivamente por sus ideas y por su cercanía a Gülen. Mientras él abandonaba Turquía, varios miembros de su familia sufrieron también investigaciones y procesos judiciales.
Ahí comenzó un proceso que fue mucho más allá de los tribunales. El hombre que había marcado 51 goles con la selección empezó a desaparecer progresivamente del relato oficial. Sus logros seguían siendo imposibles de borrar de las estadísticas, pero su figura dejó de ocupar el lugar que durante años había tenido en la memoria colectiva. El máximo goleador de Turquía se convirtió en un personaje incómodo para el propio Estado.
Ülkeniz ve değerleriniz ile gurur duyun, bu onur Türkiye’nin 🇹🇷 pic.twitter.com/QJABHhQ4Zm
— HAKAN ŞÜKÜR 👑 (@hakansukur) July 19, 2026
Mientras tanto, Şükür rehízo su vida en Estados Unidos, donde se instaló definitivamente lejos del país que lo había convertido en leyenda. Pasó de ser uno de los deportistas más famosos de Turquía a vivir en el exilio, convertido en una figura profundamente dividida entre quienes lo consideran un perseguido político y quienes aceptan la versión oficial del Gobierno turco.
La paradoja sigue siendo enorme. Turquía no puede borrar el gol de los once segundos, ni los 51 tantos con la selección, ni el tercer puesto del Mundial de 2002, ni todo lo que Hakan Şükür hizo para engrandecer el fútbol de su país. Puede relegarlo al silencio, eliminar su presencia de determinados relatos o convertir su nombre en un tema incómodo. Pero cada vez que alguien repasa la historia de los Mundiales vuelve a encontrarse con la misma realidad: uno de los mayores héroes del fútbol turco sigue ocupando un lugar imborrable en la historia, aunque su propio país lleve años intentando mirar hacia otro lado. @mundiario
