Hegseth impone su revolución en Defensa y desata una crisis interna sin precedentes en el Pentágono

La llegada de Pete Hegseth al Pentágono ha abierto una fractura profunda en el corazón del aparato militar estadounidense. En poco más de un año, su gestión ha alterado equilibrios históricos dentro de las Fuerzas Armadas, combinando una retórica beligerante con decisiones que han desatado inquietud entre los mandos tradicionales.

El antiguo presentador de Fox News ha hecho de la “letalidad” su eje doctrinal, defendiendo un modelo de ejército orientado exclusivamente al combate, sin lo que considera “restricciones políticas o legales innecesarias”. Esta visión no se ha quedado en el plano discursivo. Se ha traducido en una reconfiguración acelerada de la cúpula militar mediante ceses, dimisiones forzadas y bloqueos en la promoción de oficiales.

Entre las decisiones más controvertidas figura la salida de figuras clave del mando, incluido el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, en un movimiento que ha sorprendido por el contexto de tensión internacional. A ello se suma una cadena de destituciones que ha afectado a altos cargos de distintas ramas, muchos de ellos pertenecientes a minorías o mujeres, lo que ha alimentado las críticas sobre un sesgo ideológico en la reestructuración.

El alcance de esta política va más allá de los relevos. Diversos informes apuntan a la paralización de ascensos de oficiales que no encajan en el perfil promovido por Hegseth, lo que ha generado malestar en sectores que ven en estas prácticas una ruptura con los principios de meritocracia que han regido históricamente en el ejército estadounidense.

Otro de los puntos de fricción ha sido la desarticulación del papel de los asesores jurídicos militares. La salida de responsables encargados de velar por la legalidad de las operaciones ha encendido las alarmas en ámbitos institucionales, al interpretarse como un intento de reducir los controles sobre las acciones militares en escenarios de conflicto.

Este giro coincide con una mayor libertad operativa concedida por Donald Trump, que ha reforzado el peso del estamento militar en su agenda política. Bajo esta dinámica, las Fuerzas Armadas han sido utilizadas en ámbitos que trascienden su función tradicional, desde operaciones en el exterior sin el habitual consenso legislativo hasta despliegues en territorio nacional con fines de seguridad.

En paralelo, la retórica de Hegseth ha contribuido a elevar la tensión. Sus intervenciones públicas, cargadas de referencias religiosas y lenguaje combativo, proyectan una visión ideológica del ejército que rompe con el enfoque más institucional de sus predecesores. Esta narrativa, sin embargo, encuentra eco en parte de la tropa, donde su estilo directo y su énfasis en la disciplina física han calado positivamente.

El contexto internacional añade presión a su figura. En plena escalada con Irán, el secretario de Defensa se ha convertido en uno de los principales defensores de una respuesta contundente, lo que refuerza su influencia en la toma de decisiones estratégicas. No obstante, esa misma exposición lo sitúa en una posición vulnerable: cualquier revés militar podría erosionar rápidamente su respaldo político.

Así, el Pentágono vive un momento de redefinición interna en el que se entrecruzan poder, ideología y estrategia. La apuesta de Hegseth por un ejército más agresivo y alineado con su visión personal ha abierto un debate de fondo sobre el futuro de las Fuerzas Armadas estadounidenses y los límites entre liderazgo político y autonomía militar. Un pulso que, lejos de cerrarse, sigue intensificándose. @mundiario