Los Mossos d’Esquadra investigan un presunto caso de agresión sexual ocurrido en Barcelona en la madrugada del 8 de febrero y que, según las primeras informaciones, tendría como protagonista a Fatinho Jr., hermano de Ansu Fati. La noticia, adelantada por ABC, ha encendido una alarma mediática inmediata, aunque el propio FC Barcelona y fuentes oficiales de la policía autonómica han desmentido uno de los elementos más sensibles del relato: que los hechos se produjeran en la casa de Lamine Yamal.
La versión inicial apuntaba a que una joven holandesa habría acudido con el entorno del futbolista y otros amigos a la discoteca Shoko, y que posteriormente se habría desplazado a una vivienda en Esplugues de Llobregat. Sin embargo, con el paso de las horas, el foco se ha desplazado del morbo al dato: lo que existe ahora mismo es una investigación en curso, con diligencias abiertas, pero sin denuncia formal presentada por la presunta víctima.
Según la información conocida, la joven habría relatado que se despertó desnuda y que fue tocada sin consentimiento, encontrándose a Fatinho Jr. a su lado. Además, sospecha que pudo haber sido víctima de sumisión química, un extremo que, de confirmarse, elevaría la gravedad del caso a un terreno especialmente delicado y complejo de probar. Tras el episodio, fue trasladada a un hospital para someterse a pruebas médicas, un paso clave para preservar indicios.
El informe inicial de la Región Policial de Barcelona también recoge que la joven habría recibido una bofetada. Ese detalle, más allá del impacto, introduce un componente de violencia física que refuerza la necesidad de que la investigación avance con rigor, cautela y máxima protección para la afectada, independientemente de que el caso termine judicializándose o no.
Que no exista denuncia formal, de momento, no significa que no haya investigación. En delitos graves, es legal y habitual que los cuerpos policiales abran diligencias para recabar pruebas, reconstruir hechos y evitar riesgos. En función de la evolución del caso y de si la víctima formaliza la denuncia, la investigación podría pasar a manos de la Unidad Central de Agresiones Sexuales (Ucas), especializada en este tipo de delitos.
En un contexto donde la reputación de los futbolistas suele blindarse con titulares rápidos, este caso exige lo contrario: prudencia. Porque aquí no se trata de un partido ni de un rumor de vestuario. Se trata de una acusación gravísima, de una posible víctima, de un proceso que está empezando y de un principio que no debería discutirse jamás: que la justicia no se juega con el ruido, sino con pruebas. @mundiario

