Irán denuncia a EE UU ante la Fifa por denegación de visados y trabas logísticas

El Mundial de 2026 ha visto estallar su primer gran incendio geopolítico fuera de los terrenos de juego. La Federación Iraní de Fútbol (FFI) ha presentado una queja formal y enérgica ante la Fifa, denunciando de manera abierta las severas restricciones logísticas y diplomáticas impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos.

Según el estamento asiático, las medidas dictaminadas desde la Casa Blanca están rompiendo de forma flagrante el principio de igualdad de condiciones que debe regir entre todas las selecciones participantes, perjudicando de manera directa el rendimiento y la preparación de su combinado nacional.

El detonante principal del malestar de Teherán radica en la gestión del calendario de viajes para su próximo compromiso mundialista. La delegación de Irán había solicitado de manera formal adelantar su traslado a la ciudad de Los Ángeles a dos días antes del trascendental encuentro de este domingo frente a Bélgica, con el objetivo prioritario de facilitar la adaptación física y el descanso de sus futbolistas.

Sin embargo, las autoridades norteamericanas denegaron la solicitud, obligando al equipo a mantener un plan de viaje extremadamente ajustado que ha encendido las alarmas en el cuerpo técnico.

Esta controvertida negativa no constituye un hecho aislado en el tormentoso periplo de la escuadra persa en territorio norteamericano. El organismo federativo iraní recordó en su comunicado oficial que ya sufrieron un agravio idéntico en las vísperas de su debut frente a Nueva Zelanda, fecha en la que el departamento de aduanas estadounidense solo autorizó el ingreso de la expedición veinticuatro horas antes de que rodara el balón, limitando al máximo los entrenamientos oficiales sobre el césped.

El búnker de Tijuana y la crisis de las 15 credenciales revocadas

Ante el evidente clima de hostilidad diplomática y los constantes bloqueos en las fronteras, la Federación de Irán se vio obligada a trazar un plan de contingencia de urgencia. La selección asiática ha decidido establecer su cuartel general definitivo en la ciudad mexicana de Tijuana, aprovechando su condición de frontera directa con el estado de California.

Desde este búnker en Baja California, los dirigentes persas intentan mitigar el impacto del desgaste psicológico y aminorar las trabas burocráticas que, bajo su criterio, están siendo orquestadas de forma deliberada por la administración de Washington.

El alcance del conflicto va mucho más allá de los horarios de los vuelos chárter. Las autoridades de Irán sostienen con firmeza que un grupo compuesto por 15 miembros oficiales de su expedición —entre los que se incluyen futbolistas de la lista definitiva, asistentes técnicos de primer nivel y altos directivos institucionales— ha visto denegado su permiso de acceso a suelo estadounidense. La gravedad de la situación es tal que el propio jefe de prensa del seleccionado tiene prohibida la entrada al país, imposibilitando el desarrollo normal de las ruedas de prensa obligatorias de la Fifa.

La ofensiva diplomática denunciada por Teherán también salpica de forma directa a las gradas de los estadios mundialistas. La FFI ha acusado formalmente a los Estados Unidos de revocar de manera masiva los visados correspondientes a las acreditaciones oficiales emitidas por la propia FIFA, una maniobra que, según el criterio del país asiático, tiene como único propósito vaciar las tribunas y torpedear la presencia de aficionados y familias iraníes en los partidos del torneo.

La patata caliente se encuentra ahora de forma exclusiva en el tejado de la FIFA. El presidente Gianni Infantino ya ha tenido que escuchar de primera mano los reclamos más severos por parte de los diplomáticos de Irán, quienes exigen sanciones inmediatas o medidas correctoras que garanticen la integridad deportiva de su delegación. Mientras el máximo organismo del fútbol mundial redacta una respuesta oficial de consenso, los futbolistas iraníes apuran sus últimas sesiones de entrenamiento en México, con la mente puesta en el balón pero con un ojo en las decisiones de las aduanas.