Irán y EE UU, al límite del acuerdo: los tres puntos que encallan la negociación

Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán entran en una fase decisiva con más incógnitas que certezas. A pocas horas de que expire el alto el fuego de dos semanas acordado el pasado 7 de abril, ambas partes exploran una segunda ronda de contactos que podría celebrarse en Pakistán, aunque ni Washington ni Teherán han confirmado aún su participación.

El contexto es de máxima tensión diplomática y militar, con frentes abiertos tanto en el ámbito nuclear como en el energético. Sobre la mesa, tres grandes puntos de fricción que condicionan cualquier avance: el destino del material nuclear iraní, el futuro de su programa de enriquecimiento de uranio y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz.

El pulso por el uranio: entre la presión y el bloqueo

Uno de los principales escollos gira en torno al material nuclear iraní. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado que Teherán estaría dispuesto a entregar unos 400 kilos de uranio enriquecido al 60%, un nivel aún insuficiente para uso militar. Sin embargo, Irán rechaza esa posibilidad si no hay contrapartidas claras.

El desacuerdo no es solo político, sino también técnico. No existe certeza sobre la localización de ese material, ni siquiera sobre si ha sido ocultado tras los bombardeos a instalaciones nucleares el pasado mes de junio. Washington plantea como incentivo el desbloqueo de activos iraníes en el extranjero —valorados en unos 20.000 millones de euros— y un posible alivio de sanciones.

La cuestión del uranio se convierte así en una moneda de cambio clave, pero también en un símbolo de desconfianza mutua.

Enriquecimiento nuclear: un choque de plazos y principios

El segundo gran punto de fricción es el programa de enriquecimiento de uranio. Estados Unidos propone una suspensión de 20 años, una medida que busca garantizar que Irán no avance hacia el desarrollo de armamento nuclear.

Teherán, sin embargo, considera inaceptable una renuncia prolongada que, a su juicio, le situaría fuera del marco de la legalidad internacional. Como alternativa, ha planteado una moratoria de cinco años, insuficiente para Washington.

Este desacuerdo refleja una diferencia estructural: mientras EE UU busca garantías a largo plazo, Irán intenta preservar su soberanía tecnológica y política.

Ormuz: el factor que tensiona la economía global

El tercer eje de la negociación trasciende lo nuclear y apunta directamente a la economía mundial: la reapertura del estrecho de Ormuz. Este corredor marítimo es clave para el suministro energético global, ya que por él circula alrededor del 20% del petróleo y del gas natural.

Desde el inicio del conflicto, Irán ha amenazado con atacar buques vinculados a Occidente, lo que ha derivado en un bloqueo de facto. Estados Unidos ha respondido con su propio cerco a embarcaciones iraníes o relacionadas con sus puertos.

El impacto es inmediato: el tráfico marítimo se ha desplomado, varios países asiáticos afrontan escasez de combustible y el precio del crudo ha superado los 100 dólares por barril, muy por encima de los aproximadamente 70 dólares previos al conflicto.

Negociación en el filo

Con estos tres frentes abiertos, las negociaciones avanzan en un equilibrio precario. La posible reunión en Pakistán llega marcada por la urgencia del fin del alto el fuego y por la presión internacional para evitar una escalada mayor.

Sin avances claros en los puntos clave, el riesgo no es solo el fracaso diplomático, sino una nueva fase de tensión con consecuencias directas sobre la seguridad global y los mercados energéticos. @mundiario