Isabel Jiménez, a los 44 años: pilates, yoga y una cuenta pendiente

Isabel Jiménez ha construido una rutina de bienestar que va más allá de mantenerse en forma: busca encontrar equilibrio en una vida marcada por la televisión, sus proyectos empresariales y la maternidad. A sus 44 años, la periodista mantiene una fidelidad poco habitual al pilates máquina, una disciplina que practica desde hace aproximadamente dos décadas, y complementa su actividad con sesiones de yoga. Sin embargo, no presenta su entrenamiento como una fórmula perfecta. Reconoce que todavía tiene una asignatura pendiente: incorporar más ejercicio cardiovascular a una planificación en la que predominan el control corporal, la fuerza y la flexibilidad.

La constancia es uno de los rasgos que mejor definen su relación con el deporte. La propia Sara Carbonero, amiga y socia de Jiménez en la firma SlowLove, ha destacado su compromiso con el pilates y su capacidad para mantener el hábito durante años. Esa continuidad resulta relevante porque la actividad física no depende únicamente de encontrar la disciplina ideal, sino de conseguir que encaje en la vida cotidiana. Para una profesional que debe conciliar las exigencias de los informativos con sus responsabilidades personales y empresariales, disponer de una práctica consolidada puede facilitar la regularidad.

«Mi religión es el pilates máquina», ha llegado a afirmar la presentadora al explicar su preferencia por esta modalidad. Su vínculo con ella no es reciente ni responde a una tendencia pasajera del mundo del bienestar. Jiménez lleva años practicándola y, según ha contado, incluso mantuvo el entrenamiento durante sus dos embarazos, adaptando los ejercicios a cada etapa. Esa experiencia muestra cómo una actividad puede convertirse en un hábito duradero cuando se integra de manera flexible en distintas circunstancias vitales. La clave no está en repetir siempre la misma intensidad, sino en adaptar la práctica a las necesidades de cada momento.

El pilates con máquinas permite trabajar la musculatura mediante resistencias regulables y movimientos controlados, con especial atención a la estabilidad y al fortalecimiento del centro corporal. Frente a otras modalidades, el equipamiento ofrece posibilidades para ajustar la dificultad y acompañar diferentes niveles de experiencia. Para Jiménez, esa combinación de precisión, control y trabajo muscular explica buena parte de su fidelidad a la disciplina. No se trata simplemente de realizar ejercicios que contribuyan a mantener la figura, sino de desarrollar capacidades físicas útiles para la postura, la coordinación y los movimientos cotidianos.

A esa base, la periodista suma el yoga, una práctica que valora tanto por sus efectos físicos como por su dimensión emocional. «Me ayuda porque es ejercicio físico, pero también es salud mental absoluta», ha explicado. La frase refleja una concepción del bienestar que no separa el cuerpo de la mente y que cobra especial sentido en profesiones expuestas a horarios exigentes y a una atención pública constante. El yoga puede contribuir a mejorar la flexibilidad, el equilibrio y la conciencia corporal, además de ofrecer momentos de concentración y relajación. Sus beneficios concretos, no obstante, dependen de la práctica, de las necesidades individuales y de las circunstancias de cada persona.

El cardio, el complemento que falta en su rutina

La propia Jiménez es consciente de que su planificación podría ser más completa. «Debería de hacer cardio, que eso sí que es una falta enorme», ha reconocido al referirse a la actividad cardiovascular. Su sinceridad introduce un matiz importante en el relato de sus hábitos: practicar deporte con regularidad no significa cubrir necesariamente todas las capacidades físicas que conviene trabajar. El pilates y el yoga pueden aportar beneficios importantes, pero no sustituyen por completo las actividades que elevan de forma sostenida la frecuencia cardiaca y mejoran la resistencia aeróbica.

El ejercicio cardiovascular es una pieza relevante para la salud del corazón y los pulmones, así como para la capacidad de mantener esfuerzos durante más tiempo. Caminar a buen ritmo, nadar, montar en bicicleta o correr son algunas de las opciones que pueden incorporarse de acuerdo con la condición física y las preferencias de cada persona. Las recomendaciones sanitarias generales para adultos contemplan al menos entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular. Esas referencias sirven como orientación general y deben adaptarse a las circunstancias individuales.

En el caso de Jiménez, sumar caminatas enérgicas a su rutina podría ser una manera sencilla de empezar a cubrir esa carencia sin renunciar a las disciplinas que ya disfruta. No siempre es necesario añadir entrenamientos complejos o reservar varias horas más a la semana para mejorar la planificación. La actividad cotidiana puede contribuir a elevar el movimiento total, especialmente cuando se mantiene con regularidad. El ejemplo de otras presentadoras, como Nuria Roca, que ha hablado de sus caminatas a buen ritmo y de sus sesiones de pilates, demuestra que ambas prácticas pueden convivir dentro de un estilo de vida activo.

El desafío consiste en comprender que el entrenamiento más completo no es necesariamente el más intenso ni el que acumula más horas, sino el que combina estímulos diferentes y resulta sostenible. La fuerza, la resistencia cardiovascular, la movilidad, el equilibrio y la flexibilidad responden a necesidades distintas. Centrarse exclusivamente en una de ellas puede dejar otras capacidades menos atendidas, aunque la actividad elegida siga siendo beneficiosa. La experiencia de Jiménez ofrece una imagen realista del proceso: incluso quienes llevan años cuidándose pueden identificar aspectos que necesitan mejorar y ajustar sus hábitos sin convertir esa tarea en una fuente de frustración.

A los 44 años, Isabel Jiménez representa una forma de entender el bienestar basada en la constancia y en el conocimiento de las propias necesidades. Su apuesta por el pilates máquina y el yoga demuestra que una rutina puede mantenerse durante décadas cuando existe afinidad con la actividad, mientras que su reconocimiento sobre la falta de cardio recuerda que siempre hay margen para evolucionar. En lugar de perseguir un ideal inalcanzable, la presentadora identifica lo que le funciona y señala con naturalidad aquello que podría incorporar. Esa es, quizá, la lección más útil de su experiencia: cuidar el cuerpo no consiste en hacerlo todo perfectamente, sino en construir hábitos que acompañen la vida y permitan seguir mejorando con el tiempo. @mundiario