El secretario de Estado, Antony Blinken, también movió ficha y llamó al ministro de Defensa, Benny Gantz, para que cancelara la reunión en la que se debía decidir esta enésima expansión de los asentamientos, pero la gestión no funcionó. La ONU y la Unión Europea también llamaron a Israel a detener sus planes y recordaron que «las colonias son ilegales desde el punto de vista de la ley internacional».
Pero estos llamamientos volvieron a chocar con la realidad de una colonización que avanza y contará con 3.144 nuevas casas. Los palestinos lamentaron que «Estados Unidos solo tiene palabras, no acciones que puedan cambiar la política israelí» y aseguraron que «el nuevo gobierno de Naftali Bennet no es menos radical que el de Netanyahu», según declaraciones a Reuters de Bassam Al-Salhe, responsable del Comité Ejecutivo del Frente para la Liberación de Palestina.
Críticas en el Gobierno
El primer ministro israelí fue líder del movimiento colono y apoya de manera pública enterrar la solución de los dos Estados y anexionarse Cisjordania. En el nuevo gobierno, formado por partidos a los que solo unía el deseo de acabar con la era Netanyahu, sin embargo, no sentó bien el anuncio de las colonias y el partido Laborista recurrió a Twitter donde escribió que «alguien que hace declaraciones diplomáticas con implicaciones internacionales de manera irresponsable, sin coordinación ni preparación, y aprueba 3.000 nuevas viviendas en Judea y Samaria no es como Rabin». Una crítica directa a Gantz, que se presenta como un heredero de la política del ex primer ministro que murió asesinado por un ultranacionalista judío.
Más de 250.000 israelíes viven en barrios judíos levantados en zonas ocupadas de Jerusalén Este que fueron anexionadas por Israel al territorio municipal de la ciudad y otros 300.000 lo hacen en las más de cien colonias que pueblan Cisjordania, también en pleno proceso de expansión pese a la condena de la justicia internacional. Medio millón de colonos entre tres millones de palestinos.

