Ganar unas elecciones no siempre significa tener garantizado el Gobierno. Israel afronta precisamente esa paradoja tras unos comicios que han vuelto a situar a Benjamín Netanyahu en el centro de la política nacional, pero sin proporcionarle una mayoría parlamentaria clara. La batalla decisiva se traslada ahora a las negociaciones, donde los pactos, las diferencias ideológicas y el papel de los representantes árabes pueden inclinar la balanza.
El Likud, encabezado por el primer ministro, obtiene 26 escaños con el 85% del escrutinio, seis menos que los 32 conseguidos en 2022. El resultado confirma su capacidad para conservar una base electoral importante, aunque también refleja las dificultades de una formación que ha tenido que afrontar las críticas por la gestión de los ataques de Hamás de octubre de 2023 y las consecuencias de los conflictos posteriores.
Tampoco sus socios ultranacionalistas y religiosos han logrado el crecimiento esperado. Shas baja de 11 a siete diputados, mientras que Poder Judío, liderado por Itamar Ben Gvir, se queda en siete y Sionismo Religioso obtiene seis. En conjunto, el bloque favorable a Netanyahu suma 53 escaños, lejos de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta en la Knéset, el Parlamento israelí.
La oposición tampoco tiene asegurada la alternativa. La formación Yashar, de Gadi Eisenkot, consigue previsiblemente 21 representantes, mientras que el resto de las fuerzas contrarias al primer ministro reúne apoyos insuficientes para gobernar sin acuerdos adicionales.
Los partidos árabes adquieren un papel decisivo
La principal incógnita está en los 19 escaños que suman las dos listas árabes, la Lista Conjunta y Ra’am. Su representación convierte a estas formaciones en interlocutores relevantes para cualquier intento de construir una mayoría alternativa, aunque las diferencias políticas dificultan un acuerdo estable.
Yair Golán, líder de Los Demócratas, ha impulsado los contactos con otras fuerzas opositoras para explorar una fórmula de Gobierno. La aritmética parlamentaria obliga a considerar los votos de los partidos árabes si la oposición pretende superar el umbral de los 61 diputados.
Netanyahu, sin embargo, rechaza un Ejecutivo que dependa de estas formaciones y ha cuestionado públicamente su papel político. El Likud también ha denunciado presuntas irregularidades electorales y ha trasladado documentación a las autoridades, que están investigando las acusaciones. Estas denuncias deben distinguirse de los resultados oficiales y no pueden darse por probadas mientras no exista una resolución.
El debate va más allá de los números. La posibilidad de que partidos que representan a ciudadanos árabes de Israel participen en la formación de una mayoría plantea interrogantes sobre la representación política y los límites de los pactos entre fuerzas con posiciones enfrentadas.
Pactos, nuevas elecciones y presión internacional
El presidente israelí, Isaac Herzog, ha pedido a los partidos que negocien con disposición al acuerdo para evitar otra convocatoria electoral. Entre las alternativas figuran un Gobierno opositor con apoyos parlamentarios externos, una coalición de unidad o la repetición de los comicios si fracasan las conversaciones.
También se ha planteado una eventual fórmula de rotación en la jefatura del Ejecutivo entre Netanyahu y Eisenkot, aunque no existe un acuerdo confirmado. El respaldo de Donald Trump al primer ministro añade otra dimensión internacional a una negociación cuyo desenlace tendrá consecuencias más allá de la política interna.
Mientras se completa el recuento de los votos emitidos mediante el sistema de doble sobre, el país continúa con un Gobierno en funciones. El futuro Ejecutivo tendrá que afrontar, además, las consecuencias de años de conflicto y las demandas internacionales relacionadas con los derechos humanos.
La cuestión central ya no es únicamente qué partido ha obtenido más votos, sino qué combinación de fuerzas puede reunir una mayoría parlamentaria y sostenerla. Israel se enfrenta así a una negociación en la que la estabilidad política, la representación de sus ciudadanos y la orientación de su política de seguridad estarán estrechamente vinculadas. @mundiario
