Israel desafía a Trump e Irán: los bombardeos en el Líbano no se limitan a los bastiones de Hezbolá

La guerra en el Líbano ha vuelto a situarse en el centro de la crisis regional tras la decisión de Israel de intensificar sus operaciones militares contra Hezbolá en el sur del país. La ofensiva lanzada sobre la ciudad de Tiro, uno de los enclaves más emblemáticos del Mediterráneo oriental y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, supone un nuevo episodio en un conflicto que ya ha provocado miles de muertos y más de un millón de desplazados.

Lo que convierte esta nueva escalada en un acontecimiento especialmente significativo no es únicamente la magnitud de los ataques, sino el contexto político en el que se producen. Israel ha continuado bombardeando posiciones en territorio libanés pese a las advertencias de Irán y pese a las presiones de la Administración de Donald Trump para evitar una ampliación del conflicto que pudiera poner en peligro las negociaciones diplomáticas en curso.

La ciudad de Tiro se ha convertido en el principal símbolo de esta nueva fase de la guerra. Con cerca de 200.000 habitantes y una población compuesta por libaneses, refugiados palestinos y desplazados internos procedentes de otras zonas bombardeadas, la ciudad ha sufrido intensos ataques aéreos acompañados de nuevas órdenes de evacuación emitidas por el ejército israelí.

La novedad más destacada de estas órdenes reside en que, por primera vez, afectan también a barrios de mayoría cristiana. El portavoz militar israelí en lengua árabe, Avichay Adraee, justificó la medida asegurando que operativos de Hezbolá estarían actuando desde esa zona. Sin embargo, las autoridades israelíes no han presentado pruebas públicas que respalden dichas afirmaciones y justifique el desplazamiento (que bien puede ser permanente) de miles de cristianos

Según la portavocía militar israelí, el grupo chií utiliza estas zonas civiles de fe cristiana de forma deliberada con la creencia de que les ofrecen un “refugio seguro” frente a los bombardeos. Debido a esto, Israel emitió órdenes de evacuación forzosa para todo ese sector.

Varios testigos y residentes desplazados del sector cristiano de Tiro niegan estas afirmaciones. Muchos de ellos denuncian ante la AFP y AP que las acusaciones de la presencia de infraestructura armada en sus calles son falsas y se utilizan principalmente para infundir miedo o justificar la extensión de las operaciones militares hacia zonas patrimoniales y residenciales que anteriormente se consideraban seguras.

La inclusión de los barrios cristianos en las órdenes de desalojo ha provocado una fuerte preocupación tanto dentro como fuera del Líbano. Históricamente, estas áreas habían permanecido relativamente al margen de las campañas militares más intensas. Ahora, la ampliación de las advertencias israelíes sugiere que Tel Aviv considera que cualquier punto de apoyo potencial debe ser neutralizado, independientemente de la composición religiosa o social del territorio afectado.

Las imágenes procedentes de Tiro muestran largas caravanas de vehículos cargados con colchones, muebles y pertenencias personales mientras miles de familias abandonan sus hogares. Las carreteras costeras que conducen hacia Sidón y otras localidades del norte se han visto colapsadas por el éxodo. Para numerosos residentes, la sensación predominante es la incertidumbre sobre cuándo podrán regresar o si sus viviendas seguirán en pie cuando termine la ofensiva.

Las organizaciones humanitarias han expresado también su preocupación. Médicos Sin Fronteras denunció que las órdenes de evacuación obligan a la población a desplazarse en condiciones inseguras y caóticas, lo que aumenta su vulnerabilidad. La organización anunció además la suspensión temporal de varias actividades médicas en hospitales cercanos debido al deterioro de la situación de seguridad.

Detrás de la dimensión militar existe una compleja batalla diplomática. La ofensiva israelí llega después de que Irán advirtiera que respondería a cualquier nuevo ataque importante contra Hezbolá. El domingo ya se produjo un intercambio de acciones militares entre ambos países, alimentando el temor a una guerra regional más amplia.

Sin embargo, el Gobierno de Benjamín Netanyahu parece decidido a evitar que Teherán condicione su estrategia en el Líbano. Diversas fuentes israelíes sostienen que aceptar una situación en la que cada operación contra Hezbolá desencadene automáticamente represalias iraníes equivaldría a otorgar a la República Islámica capacidad de veto sobre la seguridad israelí.

La posición israelí también ha generado fricciones con Washington. Donald Trump lleva meses intentando impulsar una negociación con Irán que permita estabilizar varios focos de tensión en Oriente Próximo. Dentro de esa estrategia, la Casa Blanca ha tratado de contener las operaciones militares que puedan hacer fracasar el diálogo.

No obstante, las acciones israelíes parecen transmitir un mensaje claro a sus aliados estadounidenses: cualquier acuerdo futuro con Irán deberá respetar la libertad de acción militar de Israel frente a Hezbolá. Desde la perspectiva de Netanyahu, la presencia de la milicia chií en el sur del Líbano sigue constituyendo una amenaza directa que no puede quedar subordinada a negociaciones diplomáticas en las que Israel no participa plenamente.

Este aspecto resulta especialmente relevante porque las conversaciones previstas para consolidar el alto el fuego impulsado por Estados Unidos afrontan importantes obstáculos. Hezbolá insiste en que no aceptará el desarme mientras continúe la presencia militar israelí en territorio libanés. Por su parte, Tel Aviv mantiene que conservará las posiciones estratégicas mientras considere que la organización representa un peligro para su seguridad. @mundiario