El Deportivo de La Coruña ha decidido fijar posición tras la nueva polémica arbitral vivida en su último encuentro liguero, un episodio que ha reavivado el debate sobre el papel del videoarbitraje en los momentos decisivos de la temporada. La voz elegida para expresar esa postura ha sido la del consejero delegado, Massimo Adalberto Benassi, que ha defendido una crítica basada en el rigor reglamentario más que en la confrontación institucional.
La victoria frente al Leganés dejó una sensación ambivalente en el club coruñés: alivio por unos tres puntos fundamentales en la lucha por el ascenso y, al mismo tiempo, inquietud por una decisión arbitral que consideran difícil de comprender desde el prisma del protocolo VAR. En ese contexto, Benassi quiso enfriar cualquier lectura de enfrentamiento con los organismos arbitrales y subrayó que la intención del club no es erosionar la confianza en el sistema, sino reforzarla mediante su aplicación estricta.
El dirigente fue especialmente claro al trazar una línea entre el arbitraje tradicional y la intervención tecnológica. Según explicó, el Deportivo asume como parte inherente del juego el error humano del árbitro sobre el césped, pero cuestiona la utilización del videoarbitraje cuando, a su juicio, no concurren los requisitos que marca el reglamento. La clave, insistió, está en el concepto de error “claro, obvio y manifiesto”, que debe justificar la revisión.
El Deportivo reclama rigor en el uso del VAR y distingue entre el fallo humano y el tecnológico
Desde esa perspectiva, el tiempo prolongado de análisis de la jugada controvertida se convierte en un argumento en sí mismo. Para el club, si una acción requiere varios minutos de estudio para ser interpretada, resulta difícil sostener que se trate de un error evidente. Esa interpretación, más que una queja puntual, apunta a una preocupación de fondo sobre la coherencia en el uso del sistema.
Benassi también quiso contextualizar el malestar dentro de una secuencia reciente de decisiones que, según la percepción interna del club, han tenido consecuencias directas en la clasificación. Sin dramatizar, recordó precedentes en los que el equipo salió perjudicado y advirtió que, en un campeonato tan ajustado, cada punto perdido o salvado puede marcar el desenlace final.
Aun así, el tono elegido por la entidad dista del utilizado por otros clubes en situaciones similares. El Deportivo ha evitado emitir comunicados oficiales y ha optado por trasladar sus inquietudes a través de conversaciones directas con los responsables arbitrales. El consejero delegado destacó la disposición al diálogo por parte del Comité Técnico de Árbitros y de la Federación, aunque reconoció que determinadas decisiones generan frustración en un contexto de máxima exigencia deportiva.
El entrenador, Antonio Hidalgo, reforzó esa línea argumental desde una perspectiva técnica. Sin cuestionar la actuación del árbitro principal, valorada como correcta en términos generales, centró sus críticas en el papel del VAR y reclamó la necesidad de aplicar criterios basados en el sentido común. En su análisis, la acción que originó la polémica se produjo en una posición natural del jugador, lo que refuerza la idea de que la revisión tecnológica debería haber sido más restrictiva.
Hidalgo también quiso poner el foco en el rendimiento colectivo del equipo, evitando que el debate arbitral eclipse el mérito deportivo. Recordó que la parada del penalti en los minutos finales no fue fruto del azar, sino del trabajo específico y la preparación del grupo, un aspecto que considera fundamental en partidos de alta tensión competitiva.
Ningún futbolista compareció
La gestión comunicativa del club tras el encuentro también revela un intento de controlar el relato en un momento sensible. Ningún futbolista compareció ante los medios en la zona mixta, una decisión interpretada como una medida preventiva para evitar declaraciones impulsivas que pudieran agravar la polémica. El entrenador, en cambio, sí atendió a los medios en cumplimiento de las obligaciones reglamentarias.
Este episodio se suma a una serie de situaciones recientes que han colocado al Deportivo en el foco del debate arbitral. Sin embargo, el club insiste en que su objetivo no es cuestionar la legitimidad del sistema, sino preservar la credibilidad de la competición en un tramo decisivo del calendario.
El contexto competitivo añade peso a cada decisión. Con el ascenso en juego y varios equipos separados por márgenes mínimos, cualquier interpretación arbitral adquiere una dimensión que trasciende el partido concreto. Por ello, el discurso institucional del Deportivo insiste en la necesidad de proteger la equidad del campeonato mediante una aplicación uniforme de las normas.
En última instancia, la posición del club refleja una tensión inherente al fútbol contemporáneo: la convivencia entre el error humano, tradicionalmente aceptado, y la expectativa de precisión absoluta asociada a la tecnología. El VAR nació para reducir injusticias evidentes, pero su uso continuado en acciones interpretables sigue alimentando el debate sobre sus límites.
Mientras el Deportivo continúa su carrera hacia el ascenso, el episodio deja una conclusión abierta: más allá del resultado, la confianza en el arbitraje depende tanto de la corrección de las decisiones como de la percepción de coherencia en su aplicación. Y en un campeonato que se decide por detalles mínimos, esa confianza puede resultar tan decisiva como cualquier gol o parada. @mundiario
