El Real Betis vivió en La Cartuja una de las noches más negras de su historia reciente. Lo que debía ser una celebración histórica terminó convertido en un varapalo monumental. De soñar con unas semifinales europeas a caer goleado en casa, el contraste fue tan brutal que dejó al proyecto de Manuel Pellegrini en estado de shock. La ilusión se transformó en decepción y la confianza en dudas.
La derrota frente al Braga no es un accidente aislado, sino el reflejo de un equipo que lleva meses cuesta abajo. Una única victoria en once partidos oficiales es un dato demoledor para un club que aspiraba a consolidarse en Europa y pelear por la Champions desde LaLiga. El Betis no supo gestionar la ventaja, se desmoronó en defensa y mostró una fragilidad impropia de un proyecto que presume de experiencia y madurez.
El discurso institucional, que blindaba a Pellegrini hasta 2027, se tambalea tras esta debacle. El propio técnico reconoció que atraviesa su momento más delicado de popularidad, y aunque apeló a su capacidad de reacción, la realidad es que el crédito se agota. La continuidad ya no es un debate cerrado, porque el fútbol no entiende de contratos, sino de resultados y sensaciones. Y las sensaciones son pésimas.
La plantilla también queda señalada. Jugadores que no han dado el nivel, fichajes que no han respondido, veteranos que acusan el paso del tiempo y decisiones técnicas cuestionables han conformado un cóctel explosivo. El Betis se ha empequeñecido, perdiendo frescura y competitividad, y la eliminación europea ha destapado todas las costuras de un equipo que parecía preparado para dar un salto definitivo.
Quedan siete jornadas de Liga para salvar la temporada y asegurar la presencia europea, vital para la sostenibilidad económica del club. El reto es mayúsculo: recomponer el ánimo, recuperar la confianza y demostrar que el proyecto aún tiene vida. Pellegrini ha sabido levantarse en otras ocasiones, pero esta vez la exigencia es máxima. El Betis necesita respuestas inmediatas, porque la debacle frente al Braga no admite excusas. @mundiario
