La difícil papeleta de Bordalás: este Getafe huele a descenso

Clasificarse para Europa siempre es una buena noticia. Más ingresos, más visibilidad, noches continentales y un premio para una temporada que, en el caso del Getafe, terminó muy por encima de lo que cabía imaginar. Pero los premios también hay que estar preparados para disfrutarlos. Y ahí empieza el problema. El conjunto azulón terminó séptimo con 51 puntos pese a perder 17 de sus 38 partidos, encajar más goles de los que marcó y cerrar La Liga con apenas 32 tantos a favor. Solo el colista Oviedo hizo menos. Bordalás exprimió hasta la última gota de una plantilla limitada y convirtió muchos partidos que caminaban por el alambre en puntos. Repetirlo ya sería difícil. Hacerlo jugando en Europa, todavía más.

Porque el Getafe que comienza esta temporada no parece mejor que aquel. Más bien al contrario. Se han marchado Luis Milla y Mauro Arambarri, probablemente las dos piezas que mejor definían su centro del campo. Además de Diego Rico, Domingos Duarte y otros integrantes de la rotación. No estamos hablando de limpiar suplentes: estamos hablando de arrancarle al equipo varias piezas estructurales.

Y después está Christantus Uche. El nigeriano regresaba después de su etapa en el Crystal Palace y estaba llamado a convertirse en uno de los futbolistas diferenciales de este Getafe. Ya no estará. El parte médico oficial confirmó una grave lesión en la rodilla derecha que requiere intervención quirúrgica y que le hará perderse toda la temporada. En una plantilla que ya partía con dudas de profundidad, perder de golpe a uno de sus jugadores con mayor capacidad física y desequilibrio es un mazazo considerable.

El Getafe ha gastado dinero, sí, pero incluso ese dato necesita contexto. Transfermarkt sitúa actualmente la inversión alrededor de los 19 millones de euros, aunque las cantidades no han sido confirmadas en su totalidad por el club. El problema es dónde se ha empleado buena parte de ese dinero. Martín Satriano, Mario Martín y Zaid Romero ya jugaron en el Getafe la temporada pasada y ahora han pasado a pertenecer definitivamente al club. Es decir, una parte muy importante de la inversión no ha servido para añadir futbolistas a la plantilla que acabó séptima, sino para conservar piezas que ya estaban dentro de ella. Han llegado también Terrats, Mojica, Enes Ünal, Mangala, Francho Serrano o Sazonov, entre otros, pero cuesta encontrar en esa lista un salto cualitativo equivalente a lo que representaban Milla, Arambarri o el propio Uche.

Incluso Bordalás parece conocer perfectamente el tamaño del problema. Hace apenas unos días reconocía que la plantilla todavía no estaba cerrada y explicaba que la pretemporada había sido complicada por la falta de efectivos, hasta el punto de tener que recurrir a jugadores del filial. Durante el verano su continuidad tampoco estuvo siempre clara. Espanyol, Osasuna o Sevilla aparecieron alrededor de su futuro y el técnico aguardó también posibles movimientos procedentes de la Premier que nunca terminaron concretándose. La única certeza acabó siendo el Getafe y renovó hasta 2028. No podemos saber si siguió por convencimiento, comodidad o porque ninguna alternativa terminó siendo suficientemente atractiva; sí podemos afirmar que durante semanas sus caminos y los del club estuvieron más cerca de separarse que de continuar juntos.

Y ahora llega Europa. El Getafe recibe este jueves 20 de agosto a las 21.00 horas al Partizán de Belgrado, con la vuelta prevista para el día 27 en Serbia. Si supera la eliminatoria, disputará seis encuentros en la fase liga de la Conference y entrará definitivamente en la rueda del jueves-domingo durante buena parte del otoño. Económicamente sería fantástico. Deportivamente, viendo esta plantilla, puede convertirse en un regalo envenenado. Suena casi sacrílego después de seis años esperando volver a Europa, pero quizá lo mejor que podría ocurrirle al Getafe pensando exclusivamente en su permanencia fuese que el Partizán lo eliminase. Menos dinero, menos noches especiales y menos prestigio, sí. Pero también una temporada mucho más manejable.

El ejemplo del Athletic debería servir de advertencia. El conjunto bilbaíno afrontó el curso pasado con una plantilla bastante superior a la del Getafe y, aun teniendo una política deportiva propia que restringe considerablemente su mercado de fichajes, dispone de internacionales y futbolistas de primer nivel. La acumulación de partidos terminó pasando factura. En Champions solo consiguió dos victorias en ocho jornadas y quedó eliminado en la fase liga. En Copa alcanzó las semifinales, donde cayó ante la Real Sociedad. Y en La Liga pasó de pelear en la zona alta a terminar 12.º con 45 puntos y 19 derrotas. Si un Athletic con mucho más talento sufrió semejante desgaste, imaginar que este Getafe puede atravesar Liga, Conference y Copa sin pagar un precio parece demasiado optimista.

Por eso la Copa del Rey apunta directamente al matadero. No hace falta ser un gurú para imaginar lo que ocurrirá cuando aparezca una eliminatoria copera entre un jueves europeo y un partido decisivo de Liga. Bordalás tendrá que rotar. Y probablemente tendrá que hacerlo mucho. Dicho elegantemente, deberá priorizar competiciones. Dicho como realmente lo entenderá cualquiera: si el Getafe entra en la fase liga de la Conference, todo apunta a que terminará tirando la Copa en cuanto el calendario apriete. Intentar llegar lejos en tres torneos con este fondo de armario sería jugar con fuego.

 

El 3-0 de Mendizorroza en la primera jornada tampoco permite sacar conclusiones definitivas —el Getafe jugó con diez desde el minuto 42—, pero sí sirve como primer aviso. Este equipo parte con menos certezas que el que terminó séptimo, ha perdido jugadores fundamentales, no ha sustituido claramente el talento que se marchó, se ha quedado sin Uche para todo el curso y ahora pretende añadir Europa a una temporada en la que la permanencia debería continuar siendo el primer mandamiento. Bordalás hizo casi un milagro el año pasado. El problema de los milagros es pretender convertirlos en rutina.

El Getafe puede volver a sorprender, claro. Bordalás lleva años consiguiendo que sus equipos sobrevivan donde otros probablemente se hundirían. Pero una cosa es competir por encima de tus posibilidades durante 38 jornadas y otra hacerlo cada tres días durante meses. A día de hoy, este Getafe no me parece preparado para tres competiciones. Me parece un equipo peor que el de la temporada pasada al que se le está exigiendo bastante más. Y cuando juntas menos plantilla, más partidos y un margen que ya era mínimo, el resultado puede ser peligrosísimo. Este Getafe no solo huele a sufrimiento: huele, y bastante, a descenso. @mundiario