La guerra por la hegemonía de la derecha sacude la recta final de las presidenciales en Colombia

Esta campaña presidencial pasará a la historia como una de las más polarizadas en la historia de Colombia. A escasos días de la primera vuelta, la confrontación larvada entre la candidata uribista Paloma Valencia y el aspirante ultraderechista Abelardo de la Espriella ha desembocado en una encarnizada batalla por el liderazgo de la derecha colombiana. Las últimas semanas de guerra fría marcada por insinuaciones, ataques indirectos y disputas entre equipos de campaña, terminó estallando públicamente en medio de un escenario electoral cada vez más fragmentado y polarizado.

El choque no solo refleja una disputa personal o de sectores entre dos candidatos que compiten por el electorado conservador. También deja ante la luz una transformación profunda dentro de la derecha colombiana, donde el liderazgo histórico del uribismo enfrenta por primera vez un desafío serio desde posiciones aún más radicales y disruptivas. La irrupción de ‘El Tigre’, un defensor penalista con un discurso antisistema, agresivo y apoyado en una intensa estrategia digital, ha alterado los equilibrios tradicionales del espacio conservador y ha obligado al Centro Democrático a reaccionar en plena recta final de campaña.

La ofensiva verbal lanzada por la senadora Valencia marca un punto de inflexión. La candidata del uribismo dejó atrás la prudencia que había mantenido durante semanas y decidió señalar directamente a De la Espriella como una figura que, a su juicio, representa una política basada en el “circo” y el insulto permanente. Al equipararlo con referentes de la izquierda como el candidato puntero Iván Cepeda o el presidente Gustavo Petro, Valencia buscó transmitir la idea de que el populismo puede adoptar distintas formas ideológicas, pero compartir métodos similares de polarización y desgaste institucional.

La decisión de endurecer el tono coincide con el crecimiento del candidato ultra en las encuestas y con el temor creciente dentro del uribismo de quedar fuera de la segunda vuelta presidencial. Durante años, el Centro Democrático monopolizó el voto de derecha en Colombia bajo el liderazgo de su líder, el expresidente Álvaro Uribe. Sin embargo, la aparición de De la Espriella como figura antisistema dentro del propio bloque conservador amenaza con fracturar ese dominio histórico.

La reacción de Valencia también parece responder a una acumulación de tensiones internas. Desde hace semanas, dirigentes del uribismo denunciaban ataques procedentes del entorno digital del candidato ultraderechista. Vídeos generados con inteligencia artificial, campañas en redes sociales, bodegas y mensajes dirigidos contra figuras cercanas a Uribe alimentaron un clima de creciente hostilidad. La utilización de contenidos dirigidos incluso contra familiares de la candidata terminó convirtiéndose en uno de los detonantes del enfrentamiento abierto.

 

El pulso de un defensor penal al tótem de las derechas

En paralelo, la campaña de De la Espriella ha construido una narrativa orientada a presentar al uribismo tradicional como parte del establecimiento que dice combatir. Esa estrategia le ha permitido captar votantes desencantados con los partidos tradicionales, incluso dentro de sectores históricamente cercanos a Uribe. La apelación constante al outsider fuerte, mano dura contra el crimen al estilo del salvadoreño Nayib Bukele, dispuesto a confrontar tanto a la izquierda como a las élites tradicionales de derecha, ha reforzado su crecimiento entre electores radicalizados.

La dimensión del conflicto quedó reflejada en la intervención pública del expresidente Uribe. Su respaldo explícito a Valencia, acompañado de mensajes dirigidos contra el candidato ultra, confirmó que el uribismo percibe la amenaza como un movimiento estructural. Por primera vez en muchos años, el liderazgo político y emocional de Uribe dentro de la derecha parece enfrentarse a una competencia real desde su propio espacio ideológico.

Sin embargo, el momento elegido para la ofensiva genera dudas dentro del propio bloque conservador. Algunos sectores consideran que la reacción del uribismo llega tarde, cuando De la Espriella ya ha consolidado una base electoral propia y ha logrado instalarse como una alternativa viable para disputar el paso a segunda vuelta. Las encuestas conocidas antes de la entrada en vigor de la veda electoral apuntaban precisamente a un escenario de fuerte competencia entre ambos candidatos por el liderazgo de la derecha, precisamente cuando Valencia apostó por aglutinar votos del centro para asegurar un hipotético balotaje contra Cepeda.

La tensión también ha dejado al descubierto divisiones internas dentro del Centro Democrático. Algunos dirigentes han mostrado abiertamente simpatía hacia De la Espriella, mientras otros cuestionan la estrategia de confrontación impulsada por Valencia. La salida de antiguos referentes del uribismo para respaldar al candidato ultra, como la senadora Paola Holguín, refleja hasta qué punto el espacio conservador atraviesa una crisis de cohesión y liderazgo.

De la Espriella no entra al trapo

Mientras tanto, De la Espriella ha optado por una respuesta contenida frente a los ataques de Valencia. Lejos de intensificar el enfrentamiento, el candidato ultra ha intentado preservar una imagen de serenidad, manteniendo el respeto público hacia Uribe y evitando romper completamente los puentes con el electorado uribista. Esa actitud parece responder a un cálculo político evidente: presentarse como una figura capaz de absorber el voto conservador sin aparecer como responsable directo de la fractura de la derecha.

En el fondo, la disputa revela un fenómeno más amplio que atraviesa varias democracias occidentales, la tensión entre las derechas tradicionales y nuevas corrientes ultraconservadoras que buscan reemplazarlas utilizando herramientas de comunicación más agresivas, discursos anti-establishment y estrategias digitales altamente polarizadoras. Colombia no parece ajena a esa dinámica.

El desenlace de esta confrontación puede redefinir el mapa político colombiano. Si el uribismo logra contener el avance de De la Espriella, conservará el control de un espacio político que dominó durante más de dos décadas. Pero si el candidato ultra consolida su ascenso y alcanza la segunda vuelta, el liderazgo histórico de la derecha colombiana podría entrar en una etapa de transformación imprevisible. @mundiario