A los tres días de que empezase la invasión de Ucrania el canciller alemán, Olaf Scholz, anunció un «cambio de era» en política de seguridad y defensa. Ofreció armas pesadas al Gobierno de Kiev, se comprometió a cuadriplicar el gasto en defensa con un fondo especial y propuso llegar al objetivo del 2%, marcado tanto por la OTAN como por la UE. Al poco tiempo, suspendió la puesta en marcha del gasoducto Nord Stream 2, que conecta directamente a Rusia con Alemania por el Báltico. Un giro radical, en un país con una mayoría de ciudadanos que se sienten pacifistas y que hasta ahora vivían tranquilos con una enorme dependencia del gas ruso. Pero la transformación elegida requiere mucho más… Ver Más

