Durante el pasado verano saltó una sorpresa que dejó atónito a todo el entorno merengue: Luis de la Fuente dejó fuera de la lista definitiva para el Mundial 2026 a Dean Huijsen. El joven central había sido un fijo en todas y cada una de las convocatorias a lo largo del proceso clasificatorio hacia lacita norteamericana, pero a última hora el seleccionador optó por prescindir de él.
La determinación del técnico riojano levantó ampollas de inmediato al compararse con otros nombres de la convocatoria. El caso más evidente fue el de Gavi, quien sí consiguió subirse al avión mundialista a pesar de haber tenido un rodaje mínimo con el FC Barcelona tras superar su grave y prolongada lesión.
El descarte de Huijsen derivó además en un hecho sin precedentes: por primera vez en la historia de los Mundiales organizados por la Fifa, España acudió a la gran cita sin un solo representante del Real Madrid. Un hito insólito que evidenció el drástico cambio de guardia en la selección nacional.
Con todo, el desenlace no resultaba del todo descabellado si se analiza la configuración de la plantilla blanca durante la pasada campaña. Tanto Xabi Alonso como Álvaro Arbeloa dosificaron a cuentagotas la participación de los pocos futbolistas españoles, restándoles los minutos de calidad necesarios para consolidar una candidatura mundialista.
A ello se sumó el pronunciado bajón de rendimiento que sufrió el propio Huijsen en los meses previos al torneo. Lejos de la solvencia exhibida antes de aterrizar en Chamartín, la calidad de su juego y confianza decayó notablemente a raíz de aquel fatídico derbi que culminó en un contundente 5-2, un punto de inflexión que terminó por costarle su billete a la Copa del Mundo.
Aquel derbi y sus consecuencias
Dean Huijsen quedó marcado a fuego tras aquella histórica manita que el Atlético de Madrid le propinó al Real Madrid en el Metropolitano. El conjunto blanco llegaba invicto y con el viento a favor, pero en apenas noventa minutos vio cómo todo se desmoronaba; un golpe seco del que el proyecto liderado por Xabi Alonso nunca logró recuperarse y que, a la postre, quedó herido de muerte.
En el ojo del huracán defensivo de aquella noche aciaga, las miradas apuntaron con dureza al central hispano-neerlandés. Señalado por sus errores y la fragilidad mostrada en un escenario de máxima exigencia, Huijsen cargó con el peso de una derrota que abrió grietas profundas en la estructura del equipo y que todavía proyecta una sombra alargada sobre su trayectoria.
Hoy, casi un año después —exactamente 358 días más tarde—, el destino vuelve a ponerlo a prueba en un nuevo derbi madrileño. No se trata de un partido cualquiera: este choque llega en un momento bisagra que no solo define el pulso liguero, sino que amenaza con condicionar seriamente su presente y su futuro con la selección española absoluta.
El contexto no podría ser más delicado tras la reciente comparecencia pública de Luis de la Fuente al anunciar la última lista para el parón internacional. Aunque el seleccionador matizó ante los micrófonos que la feroz competencia interna es sana y necesaria para que el zaguero continúe madurando, el trasfondo de su mensaje sonó contundente y desprovisto de condescendencia.
Entre líneas, el aviso no admitió interpretaciones: en La Roja el estatus de club no garantiza nada y nadie tiene el billete asegurado por vestir la camiseta blanca. Para Huijsen, el mensaje fue un ultimátum directo para reaccionar de inmediato, sabiendo que cualquier nuevo bajón de rendimiento en una cita de alto voltaje le costará, de forma fulminante, su plaza internacional.
Un penal del tamaño de una catedral
Con este panorama llegó el derbi del domingo. Huijsen firmó una primera parte solvente, aguantando el tipo con seguridad tanto con el balón como sin él.
Sin embargo, como en la canción de Emmanuel, todo se derrumbó en el minuto cincuenta: un penalti claro sobre Giuliano lo mandó directo a las duchas tras agarrarlo cuando el rojiblanco ya se marchaba. En el Metropolitano llegó su primer tropiezo como madridista en esta temporada.
Definitivamente, un estadio maldito para el espigado zaguero de 21 años y una acción que dejó a su equipo en inferioridad. Acto seguido, Alejandro Grimaldo transformó la pena máxima y, pocos minutos después, Jonathan David sentenció con el 2-0.
Parecía que las palabras de Luis de la Fuente le habían entrado por un oído y salido por el otro. ¿Se repetirá la historia y se hundirá, o servirá este error para catapultarlo de nuevo hacia la excelencia?
Por ahora, el bueno de Huijsen deberá recomponer sensaciones y centrarse en la Nations League, con la esperanza de que lo vivido en el Metropolitano haya sido solo una pesadilla pasajera; de lo contrario, ya sabe lo que le espera con la Roja si no espabila. @mundiario
