Marta Ortega no suele conceder entrevistas. Precisamente por eso, cada vez que decide hablar, sus palabras adquieren una dimensión especial. Esta vez lo ha hecho para Vogue, en un amplio reportaje fotografiado por Annie Leibovitz, que permite conocer a la empresaria más allá de su apellido y de su papel al frente del gigante de la moda.
La imagen que emerge es la de una mujer que, pese a estar al frente de una de las compañías textiles más importantes del mundo, concede un enorme valor a las cosas más cotidianas: su familia, A Coruña, los caballos, la lectura y el contacto directo con las personas que forman parte de su vida.
Su marido trabaja con ella y es su gran cómplice
Uno de los detalles que más curiosidad despierta es su relación con Carlos Torretta, con quien comparte matrimonio y también espacio profesional. Torretta trabaja como responsable de comunicación de Zara y, según Marta, es una de las personas que mejor la conoce. Ella lo define con mucho humor como una especie de “enciclopedia con patas”, mientras que él resume su relación diciendo que son “el yin y el yang”.
La pareja se conoció en Nueva York en 2016 y se casó dos años después en A Coruña. Su vida familiar se ha ampliado con sus hijos, pero ambos mantienen una enorme discreción sobre su intimidad.
El hecho de compartir también una parte de su vida laboral podría parecer una receta perfecta para no desconectar jamás. Sin embargo, en el universo de los Ortega parece funcionar. Torretta participa incluso en algunos de los grandes proyectos de Zara y ha estado implicado en iniciativas que han llevado a la firma a colaborar con nombres tan importantes como John Galliano.
“No pretendo ser como mi padre”
Si hay una frase que resume la entrevista es probablemente esta: “No pretendo ser como mi padre, porque nadie lo será jamás”.
Marta reconoce que continuar el camino iniciado por Amancio Ortega es motivo de orgullo, pero también quiere construir su propia manera de dirigir Inditex. A sus 42 años, asegura encontrarse en un momento vital especialmente bueno y destaca que disfruta de su trabajo y de la posibilidad de desarrollarlo desde Galicia, cerca de sus hijos y de su familia.
Es una diferencia importante respecto a la imagen clásica de una heredera que simplemente ocupa el puesto que le corresponde. Marta insiste en que su reto no es reproducir la fórmula de su padre, sino continuarla desde otra generación.
La entrevista también deja una declaración especialmente interesante para los amantes de la moda. A pesar de las colaboraciones con grandes diseñadores, la presencia de Zara en acontecimientos internacionales y su creciente influencia cultural, Marta descarta convertir la firma en una marca de lujo.
La estrategia, explica, pasa por ofrecer diseño, calidad y creatividad a un público amplio, manteniendo una de las señas de identidad históricas de Zara: hacer que la moda llegue a muchas personas.
También defiende la importancia de producir en función de la demanda para reducir excedentes y avanzar en sostenibilidad. Una cuestión que refleja hasta qué punto la moda, para Marta, no es únicamente una cuestión estética, sino también empresarial y cultural.
Una mujer de moda que prefiere una vida bastante normal
Quizá la mayor sorpresa de la entrevista sea descubrir que, detrás de una de las mujeres más poderosas de la industria de la moda, hay una persona que concede muchísimo valor a su entorno más cercano.
Su abuela fue una de las figuras que más influyó en su educación y recuerda especialmente los valores que le transmitió: trabajo y honestidad por encima del origen o la posición social.
También mantiene su pasión por la equitación, una afición que arrastra desde niña, y la lectura continúa formando parte de su mundo personal. Su relación con la cultura se extiende además a la fotografía a través de la Fundación MOP.
El resultado es un retrato bastante alejado del tópico de la heredera millonaria rodeada de lujo. Ortega aparece como una mujer que puede dirigir Zara, trabajar junto a su marido, codearse con los grandes nombres de la moda y, al mismo tiempo, reivindicar que su mayor privilegio es poder vivir y trabajar cerca de los suyos.
Y quizá ahí esté la verdadera revelación de esta entrevista: Marta Ortega habla de moda, negocios y de su apellido, pero sobre todo deja claro que su gran proyecto no es convertirse en una segunda versión de Amancio Ortega, sino construir su propia historia. @mundiario



