La tensión entre EE UU e Irán vuelve a explotar con un ataque en Ormuz

La guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a subir de temperatura. Las fuerzas estadounidenses han atacado dos lanzaderas iraníes situadas en la isla de Larak, en el estratégico estrecho de Ormuz, en la primera acción militar directa de Washington contra objetivos iraníes desde finales de julio.

Según la versión estadounidense, los objetivos pertenecían a la Guardia Revolucionaria iraní y estaban siendo preparados para lanzar cohetes y colocar minas navales en el estrecho. Washington asegura que la operación pretendía impedir una amenaza contra el tráfico marítimo internacional y proteger una de las principales rutas energéticas del planeta.

La respuesta iraní no se ha hecho esperar. La Guardia Revolucionaria ha confirmado que el ataque causó muertos y heridos entre sus efectivos y civiles y ha prometido una represalia contra Estados Unidos. Fuentes iraníes sitúan en dos los fallecidos y en dos los heridos el balance inicial de la ofensiva.

La elección de Larak no es casual. La pequeña isla se encuentra en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial. Cualquier escalada militar en esta zona puede tener consecuencias mucho más allá de las fronteras de Irán.

Estados Unidos sostiene que sus fuerzas habían terminado recientemente las labores de desminado de las rutas comerciales internacionales del estrecho y que continuaban vigilando la zona ante posibles nuevas acciones iraníes. La presencia de lanzaderas preparadas para operar allí habría sido considerada una amenaza suficiente para ordenar el ataque.

Teherán, en cambio, interpreta la operación como una nueva agresión estadounidense y advierte de que Washington tendrá que asumir sus consecuencias. La Guardia Revolucionaria ha calificado el ataque de grave error y ha prometido responder tanto en el terreno militar como económico.

El estrecho de Ormuz vuelve a estar en el centro

El verdadero trasfondo de esta nueva crisis está en el control de Ormuz. El estrecho constituye una vía fundamental para el transporte internacional de petróleo y gas y se ha convertido durante el conflicto en una de las principales herramientas de presión de Teherán.

Cualquier intento de bloquearlo, minarlo o dificultar el paso de los buques puede generar consecuencias inmediatas sobre los mercados energéticos. El conflicto ya ha provocado importantes alteraciones en el tráfico marítimo y ha elevado la preocupación de los países importadores de petróleo.

Por eso, el ataque estadounidense contra las lanzaderas iraníes tiene una dimensión que va mucho más allá de una operación militar puntual. Washington pretende impedir que Irán convierta el estrecho en un instrumento de presión permanente, mientras Teherán busca demostrar que todavía conserva capacidad para condicionar la navegación y golpear los intereses estadounidenses en la región.

Una guerra que se niega a terminar

El ataque llega cuando Estados Unidos parecía haber reducido su apuesta por las operaciones militares directas y centraba sus esfuerzos en asfixiar económicamente al régimen iraní. La nueva ofensiva introduce, por tanto, una contradicción evidente: mientras Washington trata de evitar una guerra prolongada, las acciones sobre el terreno pueden volver a empujar a ambos países hacia una dinámica de represalias.

La guerra iniciada a finales de febrero ha dejado miles de muertos, enormes daños materiales y una región cada vez más inestable. Irán continúa mostrando capacidad de resistencia y Estados Unidos mantiene una importante presencia militar en Oriente Próximo.

Ahora, la cuestión es hasta dónde llegará la respuesta iraní y si el ataque de Larak quedará como un episodio aislado o se convertirá en el comienzo de una nueva fase de la guerra.

El estrecho de Ormuz vuelve a concentrar todas las miradas. Y cualquier error de cálculo en sus aguas puede tener consecuencias que alcancen no solo a Washington y Teherán, sino también a la economía mundial. @mundiario