La muerte de Valentino Garavani no cerró únicamente la historia de uno de los grandes nombres de la moda del siglo XX. También abrió un capítulo inesperado sobre el futuro de su enorme patrimonio. El creador italiano, fallecido en Roma el pasado 19 de enero a los 93 años, dejó tras de sí un legado que va mucho más allá de sus icónicos vestidos rojos: propiedades históricas, una colección de arte de incalculable valor, un yate, inversiones y una fortuna estimada en cientos de millones de euros. Sin hijos ni herederos legales directos, la gran incógnita era quién recibiría finalmente ese universo construido durante décadas.
Durante más de cuatro meses, la respuesta permaneció protegida bajo un estricto silencio. Ahora, una investigación de Corriere della Sera ha revelado que Valentino había preparado su sucesión con antelación y que no dejó su patrimonio en manos de una persona concreta, sino de una estructura creada para preservar su legado: una fundación registrada en Liechtenstein que figura como única heredera de su testamento.
El documento clave fue firmado por Valentino ante un notario suizo en 2023. Según la información publicada, el modisto entregó sus últimas voluntades a Rolf Schneider, notario en Gstaad, el 29 de marzo de ese año, haciendo que la sucesión quedara sometida a la legislación suiza. El testamento fue posteriormente depositado en Italia pocos días después de su fallecimiento y comenzó a ejecutarse meses más tarde.
La decisión revela una estrategia muy diferente a la de una herencia tradicional. Valentino no buscó simplemente repartir sus bienes entre las personas más cercanas, sino crear un mecanismo capaz de mantener unido un patrimonio que representa una parte de la historia de la moda internacional. La fundación heredera, con sede en Vaduz, recibió la totalidad de la sucesión como única beneficiaria, aunque el testamento contempla distintos legados para personas y entidades vinculadas al diseñador.
Una estructura diseñada para conservar la huella de Valentino
La entidad descubierta en Liechtenstein no debe confundirse con la fundación filantrópica que Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti crearon en Roma en 2016. Aquella organización tiene como objetivo impulsar proyectos culturales y preservar la dimensión artística y social de su trayectoria. La nueva fundación, en cambio, cumple una función patrimonial: administrar los bienes que conforman el legado privado del diseñador.
Entre los activos que ya han pasado a estar vinculados a esta estructura figuran una espectacular villa de 30 habitaciones situada en la Vía Apia romana, el yate de 46 metros del modisto y las actividades operativas relacionadas con la fundación italiana. El objetivo parece claro: evitar la fragmentación de un patrimonio construido durante más de seis décadas y garantizar que siga siendo gestionado bajo una misma visión.
La gran incógnita sigue siendo el destino final de algunas de sus piezas más valiosas. Entre ellas destaca el Château de Wideville, un castillo del siglo XVI situado cerca de París y considerado una de las joyas inmobiliarias de Valentino. Actualmente está bajo una sociedad denominada Succession Valentino Garavani, representada por tres figuras de confianza: Giancarlo Giammetti, Ronald Feijen y Marc Bonnant, quienes actúan como albaceas del testamento.
Los nombres que aparecen detrás del legado del diseñador
Aunque la fundación de Liechtenstein es la heredera universal, el testamento establece una serie de beneficiarios concretos. Entre ellos se encuentran Vernon Bruce Hoeksema, pareja de Valentino en el momento de su fallecimiento; Giancarlo Giammetti, su histórico socio y compañero durante décadas; su sobrino Piero Villani, hijo de su hermana Wanda; familiares de Carlos Souza, antiguo responsable de relaciones públicas del diseñador, y la fundación filantrópica con sede en Roma.
La fórmula elegida por Valentino refleja una preocupación habitual entre grandes fortunas culturales: cómo evitar que una vida entera de creación termine dividida entre ventas, disputas familiares o decisiones alejadas de la identidad original del fundador. En su caso, el patrimonio no era únicamente económico. Cada inmueble, cada obra de arte y cada objeto acumulado durante años formaban parte de una narrativa personal ligada a la elegancia, la artesanía y la memoria de la alta costura.
De Voghera al mundo: la construcción de un mito
Valentino Ludovico Clemente Garavani nació en Voghera, entre Milán y Génova, en 1932. Su vocación por la moda le llevó con solo 17 años a París, donde se formó en la École des Beaux-Arts de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne y trabajó en los talleres de Jean Dèsses y Guy Laroche.
Tras regresar a Italia, alcanzó reconocimiento internacional con su primer gran desfile en el Palazzo Pitti de Florencia en 1962. Desde entonces, su nombre quedó asociado a una idea de lujo clásico y sofisticación que conquistó a estrellas de cine, aristócratas y personalidades de todo el mundo.
Valentino vendió su firma en 1998, aunque continuó vinculado a la marca hasta su retirada definitiva en 2007. Con su muerte desapareció uno de los últimos grandes maestros de la moda tradicional, pero la arquitectura creada para proteger su herencia muestra que su última obra no fue un vestido, sino la forma de garantizar que su universo permaneciera unido. @mundiario


