La derrota del Barça en Montilivi no fue un accidente ni un mal día aislado: fue un espejo. Un partido que dejó al descubierto lo que el equipo de Hansi Flick lleva arrastrando en demasiadas jornadas, y que esta vez quedó retratado con crudeza. El Girona no solo ganó, sino que lo hizo con esa sensación de rival que entiende dónde está la grieta y la golpea sin piedad.
El nombre propio fue Joan García, otra vez. Después de su error frente al Atlético, el portero respondió como responden los buenos: a base de paradas. Sus intervenciones evitaron una goleada mayor y frustraron a los atacantes del Girona una y otra vez, aunque nada pudo hacer en los dos goles encajados. Pero que el mejor del Barça sea su guardameta es un síntoma preocupante: un grande no puede vivir de milagros cada semana.
Hubo polémica, sí, y era inevitable. Soto Grado estaba en el centro del foco, y el barcelonismo protestó el segundo gol del Girona por una acción previa sobre Koundé. El ruido arbitral volvió a colarse en el relato, pero sería una coartada pobre. El Barça no perdió por el árbitro: perdió porque fue inferior en estructura, en seguridad y en convicción, y porque lleva demasiado tiempo dependiendo de factores externos para sostenerse.
La banda izquierda fue un agujero
Flick probó con Gerard Martín y Raphinha de inicio, y el experimento salió mal. Los cambios en la segunda parte, con Balde y Roony, tampoco aportaron soluciones. Esa falta de estabilidad en una zona clave no es solo un problema de nombres: es la señal de que el entrenador aún no ha encontrado un once fiable, y eso en febrero ya empieza a ser una alarma.
El gol de Cubarsí, el primero del central en LaLiga, encendió una esperanza momentánea, pero el Barça no supo agarrarse a ella. Incluso tuvo una ocasión de oro antes del descanso con el penalti provocado por Dani Olmo, y ahí llegó el golpe emocional: Lamine Yamal lo lanzó, lo estrelló en el palo y el equipo sumó otro capítulo a su colección de oportunidades desperdiciadas. En Montilivi no se cayó solo por encajar, sino por volver a fallar cuando el partido pedía personalidad. @mundiario
