Las eliminaciones africanas esconden el mismo problema

África ha firmado el mejor Mundial de su historia. Nueve selecciones alcanzaron las eliminatorias, Marruecos volvió a colarse entre las grandes potencias y equipos como Cabo Verde, Egipto, Senegal o RD Congo demostraron que la distancia con las selecciones tradicionales es cada vez menor. Sin embargo, las eliminaciones del continente también han dejado una conclusión incómoda: muchas de ellas llegaron exactamente de la misma manera.

Una vez puede ser casualidad. Dos veces puede ser una coincidencia. Pero cuando el mismo patrón aparece una y otra vez, ya estamos hablando de algo más profundo. Las selecciones africanas han competido de tú a tú contra algunos de los mejores equipos del mundo, pero cuando los partidos han entrado en su tramo decisivo han aparecido problemas que terminan repitiéndose con demasiada frecuencia.

Sudáfrica fue la primera en comprobarlo. Los Bafana Bafana resistieron durante prácticamente todo el encuentro frente a Canadá, pero terminaron cayendo con un gol en los últimos instantes. RD Congo también tuvo la clasificación en sus manos durante buena parte del partido contra Inglaterra. Se adelantó en el marcador y mantuvo la ventaja hasta el minuto 75, pero acabó encajando dos goles en apenas once minutos para despedirse del torneo.

El caso más dramático fue probablemente el de Senegal. La selección africana ganaba 0-2 a Bélgica a falta de cinco minutos para el final. Estaba rozando una de las mayores sorpresas del Mundial. Sin embargo, encajó dos goles entre el 86 y el 89 y terminó cayendo en la última acción de la prórroga, cuando Tielemans transformó un penalti en el 120+5. Lo que parecía una clasificación histórica se convirtió en una eliminación imposible de olvidar.

Costa de Marfil tampoco escapó a esa tendencia. Los marfileños habían conseguido igualar el encuentro frente a Noruega y daban la impresión de poder llevar el partido a la prórroga. Sin embargo, Haaland apareció en el minuto 86 para marcar el gol definitivo. Una historia parecida vivió Egipto frente a Argentina. Los Faraones dominaban por 0-2 hasta el minuto 79 y tenían contra las cuerdas al campeón del mundo. Trece minutos después estaban eliminados tras encajar tres goles, incluido el definitivo en el 90+2.

Y todavía queda el ejemplo de Cabo Verde. La gran revelación africana del torneo llevó a Argentina hasta la prórroga y rozó una tanda de penaltis que habría entrado directamente en la historia del fútbol mundial. Sin embargo, un autogol en el minuto 111 terminó con el sueño de una selección que había competido durante casi dos horas frente a la vigente campeona.

El dato es tan llamativo como revelador. Sudáfrica cayó en el descuento. RD Congo encajó la remontada antes del minuto 90. Senegal recibió el golpe definitivo en el 120+5. Costa de Marfil cayó en el 86. Egipto en el 90+2. Cabo Verde en el 111. La gran mayoría de las eliminaciones africanas llegaron en los instantes finales. Demasiadas veces para hablar únicamente de mala suerte.

Ahí aparece un debate que el fútbol africano lleva años intentando resolver. El continente produce atacantes, extremos y centrocampistas de enorme nivel. La velocidad, la potencia física y el talento ofensivo de muchas de sus selecciones están fuera de toda discusión. Sin embargo, sigue existiendo una diferencia importante cuando llega el momento de gestionar ventajas, cerrar partidos o resistir la presión de los minutos finales. No es casualidad que muchas de las grandes figuras africanas jueguen lejos de la línea defensiva.

Por eso Marruecos aparece como la gran excepción. La selección marroquí ha construido su éxito alrededor de una estructura defensiva sólida, una zaga acostumbrada a competir en la élite europea y de una organización táctica que le permite sobrevivir cuando los encuentros se vuelven caóticos. Mientras otras selecciones africanas sufrieron para proteger resultados, Marruecos volvió a demostrar que sabe hacerlo.

Lo paradójico es que este patrón también refleja un avance enorme. Hace no tanto, muchas selecciones africanas eran eliminadas porque simplemente no podían competir con las grandes potencias. En este Mundial ocurrió lo contrario. Egipto tuvo contra las cuerdas a Argentina. Senegal rozó la hazaña frente a Bélgica. RD Congo hizo sufrir a Inglaterra. Cabo Verde llevó al límite al campeón del mundo. África ya ha demostrado que puede mirar a cualquiera a los ojos.

El siguiente paso es otro. Ya no consiste en aprender a competir. Consiste en aprender a cerrar los partidos cuando la clasificación está al alcance de la mano. Porque en este Mundial, para demasiadas selecciones africanas, la diferencia entre la hazaña y la eliminación apareció exactamente en el mismo lugar: los últimos minutos del reloj. @mundiario