Leonor dispara el interés por la Carlos III: el curioso efecto de la princesa entre los jóvenes

La elección de la Universidad Carlos III de Madrid por parte de la princesa Leonor no ha sido una decisión académica más. Desde que la Casa del Rey anunció en abril que la heredera estudiaría Ciencias Políticas en el campus de Getafe, el interés por esa titulación y por la propia institución ha aumentado de forma llamativa. La prueba más visible está en las notas de corte: el grado ha pasado de un 9,5 a un 10,7, un salto de 1,2 puntos que se sitúa muy por encima de las variaciones habituales de un curso a otro.

El fenómeno ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de la universidad: ¿hasta qué punto la princesa consigue influir en los jóvenes de su generación? La respuesta no es sencilla. Hay señales objetivas de que su presencia genera interés, pero no existen datos suficientes para afirmar que España viva una auténtica fiebre por la futura reina.

La universidad elegida por Leonor gana atractivo

La Carlos III ocupa desde hace años un lugar singular dentro del sistema universitario público español. Nació en 1989 impulsada por Gregorio Peces-Barba con la intención de demostrar que una universidad pública podía competir en calidad y excelencia con los grandes centros privados. Su tamaño reducido, la especialización de sus estudios y una apuesta temprana por la internacionalización han contribuido a construir una imagen de institución exigente y selectiva.

Ese perfil encaja además con la trayectoria que ha seguido Leonor. Después de estudiar el Bachillerato Internacional en Gales y completar tres años de formación militar, la heredera inicia ahora una etapa universitaria centrada en la Ciencia Política. Su elección le permitirá estudiar materias relacionadas con el funcionamiento del Estado, los partidos políticos, el Derecho, la economía, la sociología y las relaciones internacionales.

La repercusión de su llegada se ha dejado notar especialmente en la demanda. Miles de estudiantes solicitaron plazas en la universidad como primera opción y el grado que cursará la princesa ha experimentado uno de los mayores incrementos de nota de corte. No es la primera vez que sucede algo parecido.

El precedente del internado de Leonor en Gales

Cuando se anunció en 2021 que la entonces princesa de Asturias estudiaría en el UWC Atlantic College de Gales, el centro recibió una avalancha de interés procedente de familias españolas. La repercusión mediática permitió que una institución relativamente pequeña alcanzara a estudiantes de lugares a los que hasta entonces apenas había llegado.

La Fundación Colegios del Mundo Unido asegura que aquel impulso tuvo consecuencias duraderas y que durante años continuaron recibiendo más solicitudes de información de lo habitual. El fenómeno demuestra que la elección educativa de Leonor puede funcionar como escaparate para instituciones que, de otro modo, tendrían mucha más dificultad para captar la atención del gran público. Pero la cuestión interesante ahora es otra: ¿estamos ante una princesa capaz de marcar tendencias entre los jóvenes o simplemente ante una enorme curiosidad mediática?

La ‘Leonormanía’ tiene límites

Aquí es donde el fenómeno se vuelve mucho más difícil de medir. El CIS dejó de preguntar periódicamente por la valoración de la monarquía y de los miembros de la Familia Real en 2015. Desde entonces no existe una serie oficial que permita conocer con precisión cómo perciben los españoles a la princesa y, sobre todo, cómo la valoran los jóvenes que forman su generación.

Por eso, hablar de “Leonormanía” exige cierta cautela. Sí existen indicadores concretos: mayor interés por sus estudios, atención mediática, solicitudes de información en centros donde ha estudiado y una notable presencia en redes sociales. Pero eso no equivale necesariamente a una adhesión masiva a la figura de la heredera ni, mucho menos, a la institución monárquica.

La heredera ha crecido bajo una enorme protección mediática y su vida privada apenas ha trascendido. En una época en la que las redes sociales permiten conocer cada detalle de la vida de millones de personas, la situación de una joven de su edad cuya intimidad permanece relativamente blindada resulta especialmente llamativa. Esa distancia alimenta el interés.

Cuanto más humana, más interés genera

La paradoja aparece con claridad en las redes sociales. Los contenidos relacionados con la hija mayor de los Reyes no siempre funcionan mejor cuando muestran a la heredera cumpliendo con su agenda oficial. De hecho, ocurre a menudo lo contrario.

Según los creadores de contenido especializados en actualidad de la realeza, la princesa despierta más interés cuando aparece realizando actividades que cualquier joven puede reconocer: acudir a un concierto, relacionarse con personas de su edad o protagonizar situaciones alejadas del protocolo. Las imágenes institucionales, por repetitivas, tienen menos capacidad para generar conversación.

Ahí puede encontrarse una de las claves del fenómeno. Leonor interesa más cuando deja de parecer únicamente princesa y aparece como una joven de su generación. Su paso por las Fuerzas Armadas también ha contribuido a construir esa imagen. Durante tres años ha aparecido en escenarios poco habituales para una heredera al trono: maniobras, entrenamientos, navegación y formación aeronáutica. La visibilidad de una mujer joven desempeñándose en un entorno tradicionalmente masculino ha convertido además su formación militar en un elemento con capacidad de identificación para parte de las nuevas generaciones.

Una heredera entre dos mundos

La universidad representa ahora otro cambio importante. La princesa de Asturias pasa de un entorno militar, jerarquizado y marcado por la disciplina a un campus donde convivirá con estudiantes de perfiles e ideas muy diferentes.

Mientras su padre, Felipe VI, estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, Leonor ha optado por un camino diferente. La elección de la Carlos III refuerza así la imagen de una generación de la Corona que busca construir su propio recorrido académico y personal.

Y, de paso, la princesa ha conseguido algo que pocas campañas publicitarias podrían lograr: poner una universidad pública en el centro de la conversación nacional y convertir una carrera universitaria en un fenómeno mediático.

La incógnita es cuánto durará ese efecto. La subida de la nota de corte demuestra que la presencia de la heredera ha tenido consecuencias concretas en el acceso a Ciencias Políticas, pero el verdadero examen será comprobar si esa curiosidad se transforma con el tiempo en interés sostenido.

Porque la “Leonormanía” puede existir, pero probablemente no se parece tanto a una legión de fans como a una generación que quiere saber quién es la joven que un día será reina de España. Y esa diferencia puede ser mucho más importante para el futuro de la Corona. @mundiario