Londres estudia borrar a Andrés Mountbatten-Windsor de la sucesión

El escándalo que rodea a Andrés Mountbatten-Windsor ha dejado de ser únicamente un problema reputacional para la monarquía británica y se ha convertido en un asunto de Estado. Tras su arresto e interrogatorio en una comisaría de Norfolk por su antigua relación con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, el debate sobre su permanencia en la línea de sucesión ha escalado hasta el corazón del Gobierno. 

Según ha informado la Bbc, el Ejecutivo laborista liderado por Keir Starmer analiza la posibilidad de promover una iniciativa legislativa que elimine formalmente al exduque de York del orden sucesorio. Aunque actualmente ocupa el octavo lugar, y su llegada al trono se considera extremadamente improbable, la mera posibilidad ha generado un profundo malestar en amplios sectores de la opinión pública.

Un problema constitucional sin precedentes recientes

La retirada de sus títulos honoríficos por parte de Carlos III no modificó su posición en la línea de sucesión. Para alterar ese orden no basta con una decisión del monarca: es imprescindible un acto del Parlamento británico y, además, la ratificación de los demás reinos de la Commonwealth que comparten al soberano como jefe de Estado.

Este requisito convierte la cuestión en un delicado procedimiento constitucional. Tradicionalmente, la Cámara de los Comunes ha evitado debatir directamente asuntos relativos a miembros de la familia real, amparándose en convenciones históricas recogidas en el tratado parlamentario conocido como Erskine May. Durante décadas, los presidentes de la Cámara han frenado intervenciones críticas hacia figuras de la monarquía, preservando así una línea roja no escrita.

Sin embargo, el clima político ha cambiado. El líder liberal-demócrata Ed Davey ha señalado que el Parlamento deberá abordar la cuestión “en el momento adecuado”, dejando entrever que existe consenso en que ese momento podría estar acercándose.

Más allá de la exclusión de Andrés de la sucesión, algunos partidos reclaman ir más lejos. Desde el Partido Verde, Zack Polanski ha pedido una investigación exhaustiva que aclare qué sabían las instituciones sobre los vínculos del duque con Epstein y si hubo encubrimiento o negligencia.

En el Partido Conservador también se han escuchado voces a favor de actuar si se demostrara responsabilidad penal. El diputado Andrew Bowie ha defendido que el Parlamento tiene derecho a intervenir si se confirmaran los hechos más graves.

Un desafío para la monarquía moderna

La presión política se sustenta en una demanda ciudadana ampliamente mayoritaria. Una encuesta reciente de YouGov revela que más del 80% de los británicos considera que Andrés debería ser excluido de la sucesión, frente a un porcentaje mínimo que defiende su permanencia.

En la práctica, la línea sucesoria está encabezada por el príncipe de Gales, Guillermo de Inglaterra, seguido por sus hijos y, después, por su hermano Enrique de Sussex y los descendientes de este. El lugar que ocupa Andrés es, por tanto, remoto en términos prácticos, pero simbólicamente relevante.

El caso ha vuelto a poner bajo el foco la adaptación de la monarquía británica a los estándares contemporáneos de transparencia y responsabilidad pública. Lo que durante generaciones fue un terreno protegido por la tradición ahora se enfrenta a un escrutinio político abierto.

El Gobierno sopesa sus próximos pasos con cautela, consciente de que cualquier movimiento afectará no solo a una figura concreta, sino al delicado equilibrio entre Parlamento y Corona. La decisión que se adopte podría marcar un precedente histórico en la relación entre la institución monárquica y el poder legislativo británico. @mundiario