La muerte de Jorge Messi devuelve a la memoria una de las etapas más desconocidas y, al mismo tiempo, más importantes de la carrera de Lionel Messi: sus primeros años en el Club Grandoli de Rosario, donde el futuro campeón del mundo todavía era un niño y su padre ocupaba un lugar fundamental dentro y fuera de la cancha.
En una entrevista con ESPN realizada en 2004, Messi regresó al club de su infancia y recorrió un escenario que ya había cambiado. Tenía apenas cinco años cuando comenzó a jugar allí, pero todavía recordaba perfectamente aquellos domingos en los que el fútbol era una actividad familiar y Jorge Messi se desempeñaba como entrenador.
“Mi papá era el técnico mío y nos pasamos toda la tarde acá, todos los domingos, todos juntos. Pasamos lindos momentos”, recordó entonces el futbolista.
Aquella etapa tuvo además un ingrediente competitivo. Messi contó que aquel equipo tenía un nivel extraordinario y que su padre estaba al frente de un grupo que consiguió varios títulos en la Liga Rosarina. “Mi papá era el técnico, ganábamos todo”, explicó el delantero, mientras recordaba también que su primo era el arquero.
Pero el recuerdo de Messi no estaba asociado solamente a los resultados. Lo que aparecía con mayor fuerza era la imagen de su padre acompañándolo durante los partidos, sentado al costado de la cancha, pendiente de los chicos y preparado para atenderlos ante cualquier golpe. Jorge era padre, entrenador y compañero de una infancia que todavía permanece en la memoria de Lionel.
Mucho más que un entrenador
Uno de los detalles más reveladores de aquella entrevista fue la manera en la que Messi repartió los méritos por aquella etapa: “De los dos, de los dos”, respondió cuando le preguntaron si los éxitos eran mérito suyo o de su padre. Sin embargo, inmediatamente describió a Jorge como un entrenador tranquilo, de pocas palabras y más observador que protagonista.
También recordó uno de los goles que más lo había marcado de aquella época. Contra un equipo llamado Amanecer, Messi aseguró haber superado a cuatro rivales antes de definir por encima del arquero. Décadas después, esa jugada todavía era motivo de risas familiares cuando volvían a mirar las imágenes.
La relación entre ambos no terminó en Grandoli. Jorge acompañó a Lionel durante el crecimiento de su carrera y posteriormente se convirtió en una de sus principales figuras de confianza y representación, atravesando junto a él el salto desde Rosario hacia Barcelona y después cada una de las grandes etapas de su trayectoria.
En otra entrevista, Messi explicó que seguía hablando de fútbol con su padre y que ambos analizaban partidos del Barcelona y de la Selección Argentina. Esa conexión ayuda a entender que la relación entre ambos no se limitaba a la representación profesional: el fútbol fue durante décadas uno de los grandes lenguajes que compartieron.
Por eso, el recuerdo de Grandoli adquiere ahora una dimensión diferente. Antes de los títulos con Barcelona, antes de la Selección, antes de los Mundiales y de los Balones de Oro, existía un chico de cinco años jugando en Rosario junto a su familia y un padre que estaba al borde de la cancha.
La historia de Messi suele contarse a partir de su talento extraordinario, pero aquella entrevista permite observar otra parte del recorrido: el futbolista que llegó a la cima también nació de un entorno familiar que acompañó sus primeros pasos. Grandoli fue uno de los primeros escenarios donde esa relación entre Lionel, Jorge y el fútbol comenzó a construirse.
Y quizás por eso aquellas imágenes tienen hoy un valor especial. Para el mundo, Grandoli representa apenas uno de los primeros capítulos de la carrera del mejor futbolista de su generación. Para Messi, en cambio, es el lugar donde todavía puede recordar a un niño jugando, a sus primos en el equipo y a su padre sentado cerca de la cancha. Antes de ser una leyenda mundial, Lionel Messi fue simplemente el hijo de Jorge jugando al fútbol en Rosario. @mundiario


