La Selección de México ha cumplido con creces su primera gran misión de la Copa del Mundo de 2026 y ha desatado la locura colectiva en todo el territorio nacional. El combinado azteca logró imponerse por la mínima diferencia de 1-0 ante su similar de Corea del Sur en un pletórico e hirviente Estadio Akron de Guadalajara. Con este valioso resultado, el cuadro anfitrión ha asegurado de forma matemática su pasaporte a los dieciseisavos de final, convirtiéndose de manera oficial en la primera escuadra del certamen de la Fifa en estampar su firma dentro de las rondas de eliminación directa.
El estratega Javier el Vasco Aguirre sorprendió a propios y extraños al introducir modificaciones de peso en la pizarra táctica para este crucial compromiso. El seleccionador decidió dejar en el banquillo al talentoso Álvaro Fidalgo a pesar de su descollante rendimiento frente a Sudáfrica, apostando por la experiencia y el despliegue de Luis Romo en la zona medular. Asimismo, Jorge Sánchez recuperó su puesto en detrimento de Reyes, mientras que el capitán Edson Álvarez retrocedió a la zaga central para suplir la baja por sanción de César Montes.
El pitido inicial dio paso a un compromiso sumamente combativo, caracterizado por la alta intensidad en los duelos individuales y la evidente escasez de claridad en la circulación de la pelota. El astro asiático Kang In Lee recibió una tempranera tarjeta amarilla tras una aparatosa acción calificada como juego peligroso por el colegiado principal. Ante la paridad, el Tri buscó inquietar los dominios enemigos con disparos de media distancia ensayados por Roberto Alvarado y Brian Gutiérrez, los cuales terminaron en los guantes de Kim Seung Gyu.
El planteamiento de la escuadra surcoreana se fundamentó en explotar los balones aéreos a la espalda de la línea defensiva tricolor, intentando activar la velocidad terminal de sus atacantes. Sin embargo, la veteranía de Javier Aguirre en los banquillos internacionales quedó de manifiesto al coordinar un sistema de achique perfecto que dejó inválidos a los delanteros rivales en reiteradas ocasiones. Julián Quiñones, ariete del Al-Qadsiah, se encargó de espabilar a los suyos mediante un potente testarazo que sirvió como el primer aviso serio de peligro.
Pese a los intentos ofensivos, el combinado mexicano comenzó a perder la manija del esférico en el epílogo de la primera mitad, desatando el nerviosismo y los abucheos de la exigente grada de Guadalajara. La escuadra de los guerreros de Taeguk aprovechó el declive local para rondar el área chica mediante un peligroso servicio enviado por Hwan Kim que por muy poco no alcanzó a conectar Sung Lee de cabeza. Los futbolistas del ‘Vasco’ enfilaron el camino hacia los vestuarios cobijados bajo un evidente clima de runrún e incertidumbre.
La cantada del Mundial de Seung Gyu y el muro de Raúl Rángel
La tónica del compromiso experimentó una metamorfosis radical para el segundo asalto, mostrando a un México mucho más agresivo e incisivo en los metros finales de la cancha. El carrilero Jesús Gallardo transformó los silbidos iniciales en una cerrada ovación tras sacar un latigazo cruzado que lamió el lateral de la red. La paridad se rompería finalmente en el minuto 50 gracias a una desafortunada jugada colectiva que quedará registrada de forma irremediable como una de las grandes pifias de la actual Copa del Mundo.
Julián Quiñones envió un centro pasado al área que fue rematado en primera instancia por Raúl Jiménez; en el afán por rechazar la pelota, el defensor coreano Hyuk Lee estorbó de forma flagrante a su propio guardameta, provocando que a Kim Seung Gyu se le escapara el balón de las manos de manera inexplicable. El mediocampista Luis Romo leyó la jugada a la perfección, se encontró con el esférico suelto sobre la línea de cal y solo tuvo que empujarlo al fondo de las mallas para desatar el festejo en el banquillo.
Con el marcador adverso, el seleccionador surcoreano Myung-bo Hong tomó la controvertida determinación de retirar del campo a su gran referente, Heung-min Son, quien no había lucido fino ni desequilibrante ante la marca escalonada de Edson Álvarez. Tras la reglamentaria pausa de hidratación, la fanaticada mexicana aprovechó el desconcierto asiático para entonar al unísono el tradicional «Canta y no llores». El ambiente de fiesta cobró total sentido para un país anfitrión que está exprimiendo al máximo los beneficios de la localía.
El combinado tricolor dispuso de una oportunidad inmejorable para colocar el dos a cero en el tanteador en el minuto 74, cuando Quiñones asistió de forma quirúrgica a Raúl Jiménez. El delantero que está muy cerca de sellar su traspaso a los Wolves ejecutó una espectacular volea en el corazón del área, pero esta vez Seung Gyu reaccionó con unos reflejos felinos para repeler el esférico y enmendar en parte su error inicial. Minutos más tarde, el joven mediocentro del Atlético de Madrid, Obed Vargas, probó fortuna con otro disparo salvado por el arquero.
El drama y el sufrimiento característicos del balompié azteca hicieron acto de presencia en el epílogo del tiempo reglamentario, obligando al guardameta Raúl Rángel a vestirse con el traje de héroe nacional. Cerca del minuto 90, el portero mexicano realizó una doble intervención milagrosa al desactivar un cabezazo a quemarropa de Sung Cho y tapar de forma heroica el posterior rechace con su propio cuerpo. La solidez del arquero selló un triunfo sufrido pero histórico, convirtiendo las calles de Guadalajara en un auténtico carnaval por el boleto seguro a los dieciseisavos. @mundiario
