La jornada electoral en territorio brasileño sumó este fin de semana un condimento de alto voltaje mediático y político con la irrupción de su mayor celebridad futbolística. Neymar Jr volvió a sacudir la conversación nacional al expresar de forma inequívoca su respaldo a Flávio Bolsonaro, principal candidato opositor en los comicios presidenciales y primogénito del exmandatario Jair Bolsonaro. A través de un breve documento audiovisual publicado en su cuenta oficial de Instagram, el astro paulista dejó clara su inclinación en las urnas mediante un gesto cargado de simbolismo partidario.
En la grabación difundida en sus plataformas digitales, se aprecia al actual atacante del Santos personándose en su respectivo colegio electoral para ejercer el derecho al sufragio. Con una sonrisa cómplice frente al objetivo de la cámara, el futbolista levantó los dedos de sus manos para dibujar reiteradamente el número dos, completando la cifra 22 junto a su acompañante. El número no responde a una casualidad fortuita, sino al código oficial asignado en las papeletas a la candidatura del Partido Liberal para la contienda por el poder.
La escenografía del vídeo reforzó el mensaje ideológico sin dejar margen a segundas interpretaciones en el tablero público. La persona que escoltaba al exdelantero del FC Barcelona y del Paris Saint-Germain portaba de manera visible una pegatina electoral de Matheus Coimbra, aspirante a diputado estatal bajo el paraguas de la fuerza política liderada por la familia Bolsonaro. El guiño se propagó a la velocidad del rayo por las redes sociales, desatando una oleada inmediata de adhesiones y rechazos entre el electorado.
El posicionamiento explícito del atacante reaviva una pugna de carácter casi personal con el actual presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva. Los roces entre el mandatario izquierdista y el jugador vienen de lejos y alcanzaron su punto de máxima ebullición el pasado mes de junio. En aquellas fechas, cuando el seleccionador de la Canarinha, Carlo Ancelotti, decidió incluir al astro en la lista definitiva para la Copa del Mundo a pesar de encontrarse en plena convalecencia por una severa lesión, el gobernante arremetió con ironía al calificarle públicamente como el primer futbolista en modalidad de «teletrabajo» en la historia de la competición.
Aquellas declaraciones presidenciales provocaron la inmediata reacción del clan opositor, que utilizó la figura de la estrella como ariete propagandístico. El propio senador Flávio Bolsonaro difundió entonces un vídeo generado mediante herramientas de inteligencia artificial en el que, caracterizado con uniforme militar y a los mandos de un avión de la Fuerza Aérea, acudía al rescate de un Neymar cabizbajo que se ejercitaba en soledad tras un supuesto abandono de sus compañeros, trasladándolo personalmente hasta la concentración de la selección nacional.
Viejas alianzas ideológicas y el debate sobre la libertad de voto
Aquel spot de ficción digital recordaba la magnitud del fichaje más costoso de todos los tiempos —los 222 millones de euros desembolsados en su día por el cuadro parisino— para ensalzar la valía patriótica del ídolo frente a los ataques gubernamentales. El senador transmitía al futbolista el cariño de millones de hinchas que aguardaban su regreso sobre el césped, transformando una simple polémica deportiva en una bandera de confrontación directa contra el Palacio de Planalto en plena precampaña.
La sintonía entre Neymar Jr y el núcleo duro del bolsonarismo dista mucho de ser una novedad en el panorama brasileño. Aunque a lo largo de su carrera el atacante ha procurado medir sus intervenciones para proteger sus millonarios acuerdos de patrocinio internacional, en las elecciones de 2022 rompió la neutralidad corporativa para hacer campaña activa en favor de la reelección de Jair Bolsonaro, quien finalmente resultaría derrotado en las urnas frente al actual mandatario Lula da Silva.
Aquel paso al frente le costó entonces una agria polémica pública y una intensa campaña de reproches en redes sociales, a la que el futbolista contestó con vehemencia reivindicando su derecho individual a manifestar sus convicciones. «Hablan de democracia, pero cuando alguien opina diferente lo atacan», llegó a denunciar el delantero al defender su postura, consolidando un distanciamiento definitivo respecto a los sectores progresistas del país que aún perdura en la actualidad.
El regreso del astro al fútbol local tras su periplo europeo ha intensificado el escrutinio social sobre cada uno de sus movimientos fuera del terreno de juego. Mientras apura los plazos de recuperación para comandar el ataque del Santos en el tramo definitivo del curso, sus inclinaciones extradeportivas continúan generando una polarización extrema en una sociedad que vive el balompié y la política con idéntico fervor pasional.
Con su gesto en las urnas de este domingo, Neymar vuelve a demostrar que no rehúye el barro de las disputas ideológicas cuando se trata de ajustar cuentas pendientes. En medio de un proceso electoral de desenlace incierto y con el recuerdo de las pullas presidenciales todavía fresco, el 22 dibujado con sus manos sella una alianza inquebrantable con el clan Bolsonaro y añade más leña al fuego en el convulso escenario político de Brasil. @mundiario

