Nsongo Bil se convierte en símbolo de la nueva generación blanquiazul

El Deportivo de La Coruña ha regresado a Primera División después de ocho años de ausencia. Pero lo verdaderamente relevante no es el ascenso. Lo importante es la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, el club coruñés parece tener una hoja de ruta clara para el día después.

Las celebraciones terminan. Los ascensos se festejan. Las permanencias se trabajan. Y los proyectos sólidos se construyen con decisiones que, en ocasiones, generan menos titulares que los grandes fichajes. La renovación de Nsongo Bil hasta 2030 encaja precisamente en esa categoría.

La noticia puede parecer menor en comparación con los movimientos millonarios que protagonizan otros clubes durante el verano. Sin embargo, pocas decisiones explican mejor el momento que vive el Deportivo. A sus 21 años, el delantero se ha convertido en una de las grandes apuestas de futuro de la entidad y en uno de los símbolos más visibles de una estrategia que combina cantera, sostenibilidad económica y crecimiento deportivo.

El objetivo ya no es solo permanecer, sino acercarse a la zona media de Primera División

El mensaje resulta evidente. El club no quiere regresar a los errores que marcaron etapas anteriores, cuando la supervivencia inmediata terminaba imponiéndose a cualquier planificación de largo plazo. El Deportivo de Juan Carlos Escotet pretende construir desde abajo una estructura capaz de mantenerse en Primera más allá de una temporada puntual.

Bil Nsongo. / RCD
Bil Nsongo. / RCD

Nsongo Bil, clave

La renovación de Nsongo Bil es también una declaración de confianza en la cantera. Durante años, la cantera deportivista fue una de las señas de identidad del club. De allí surgieron futbolistas que marcaron generaciones enteras. Sin embargo, la crisis institucional y deportiva que acompañó al descenso fue debilitando ese discurso.

Ahora la situación parece diferente. El club no solo retiene talento, sino que lo convierte en pieza central de su proyecto. El hecho de que Nsongo Bil sea actualmente el único delantero con presencia completamente garantizada para la próxima temporada refleja hasta qué punto el cuerpo técnico y la dirección deportiva creen en su evolución.

Al mismo tiempo, la operación encaja con otra realidad inevitable del fútbol moderno: la necesidad de proteger activos estratégicos. Las renovaciones largas ya no son únicamente una cuestión deportiva. También representan una herramienta económica. Asegurar el futuro de jóvenes con potencial permite evitar salidas precipitadas y fortalece la posición negociadora de los clubes ante posibles ofertas.

Ilustración de Yeremay tras un equívoco mensaje en las redes sociales. / Mundiario
Ilustración de Yeremay. / Mundiario

El caso Yeremay

La misma lógica se aplica al caso de Yeremay. La insistencia de Benassi y Soriano en transmitir tranquilidad respecto a su continuidad revela que el Deportivo es consciente de que parte de su crecimiento pasa por conservar a sus mejores futbolistas. La cláusula del extremo canario, superior a los cien millones de euros, funciona como una barrera que envía un mensaje inequívoco al mercado. Eso no significa que el club cierre la puerta a una eventual venta. El fútbol profesional rara vez funciona así. Pero sí refleja un cambio de mentalidad. El Deportivo ya no parece un club obligado a vender para sobrevivir. Aspira a convertirse en una entidad capaz de decidir cuándo vende, a quién vende y por cuánto vende.

La otra gran noticia del verano apunta hacia el centro del campo. Todo indica que Teun Gijselhart será uno de los primeros refuerzos de la nueva etapa en Primera. El mediocentro neerlandés representa otro perfil coherente con la política deportiva diseñada por Soriano: juventud, margen de crecimiento y potencial de revalorización.

En realidad, el fichaje del futbolista holandés permite entender mejor la filosofía que está aplicando la dirección deportiva. El Deportivo no parece dispuesto a entrar en carreras económicas imposibles ni a competir con clubes que manejan presupuestos muy superiores. Su apuesta consiste en identificar talento antes de que alcance precios prohibitivos. Es una estrategia menos espectacular que la contratación de nombres consagrados, pero probablemente más sostenible para una entidad que acaba de regresar a la máxima categoría. Por eso resulta especialmente significativa la advertencia de Fernando Soriano cuando afirma en el diario As que los fichajes llegarán «a cuentagotas».

Lejos de transmitir falta de ambición, la frase parece reflejar una voluntad de evitar la improvisación. El ascenso genera ilusión, pero también obliga a actuar con prudencia. La experiencia reciente del fútbol español está llena de equipos que confundieron la euforia del regreso con la necesidad de gastar rápidamente. El Deportivo quiere evitar esa trampa. La clave del verano no será cuántos jugadores llegan, sino cuántos mejoran realmente la plantilla. Y, sobre todo, si esos refuerzos encajan en una estructura económica diseñada para durar.

Pancarta de los Riazor Blues en Riazor. / Mundiario
Pancarta de los Riazor Blues en Riazor. / Mundiario

En la zona media

Las declaraciones de Benassi en As ofrecen otra pista sobre el horizonte que manejan los dirigentes blanquiazules. Cuando afirma que, si el equipo logra consolidarse en Primera, podría situarse en tres años entre los presupuestos décimo y duodécimo de la categoría, no está formulando una promesa grandilocuente. Está describiendo una estrategia gradual.

El razonamiento tiene lógica. El Deportivo dispone de algo que muchos clubes de Primera envidian: una masa social extraordinaria, un estadio de gran capacidad, una ciudad identificada con su equipo y una historia que sigue conservando atractivo dentro y fuera de España. A ello se suma el respaldo financiero de Juan Carlos Escotet, cuya llegada ha permitido estabilizar una institución que durante años vivió instalada en la incertidumbre. La combinación de esos factores explica por qué dentro del club se empieza a hablar de Europa, aunque nadie pretenda convertir ese objetivo en una exigencia inmediata. La ambición existe, pero está acompañada de una dosis de realismo poco habitual en el fútbol contemporáneo. Porque antes de pensar en competiciones continentales hay que asegurar la permanencia. Antes de crecer hay que consolidarse. Antes de recuperar la grandeza hay que reconstruir los cimientos.

La renovación de Nsongo Bil, la llegada de Gijselhart y la firme intención de retener a Yeremay forman parte de ese proceso. Son movimientos discretos si se comparan con las grandes operaciones que monopolizan el mercado veraniego, pero quizás sean precisamente los que mejor explican el proyecto que se está gestando en Riazor.

Durante años, el Deportivo vivió mirando al pasado. Hoy parece empezar a construir el futuro. Y esa puede ser la mejor noticia para un club que vuelve a Primera convencido de que esta vez el viaje no debe ser una visita temporal, sino el inicio de una nueva etapa de estabilidad y crecimiento. @mundiario