Pakistán, que cuenta con solo 75 años de independencia, es el único país musulmán que posee el arma nuclear. La mitad de su historia ha estado protagonizada por la intervención del ejército, que también ha jugado entre bastidores un papel importante en la caída de Imran Khan. La antigua estrella del críket, que llegó en 2018 al poder con fama de independiente y carismático, bate el récord de ser el único primer ministro que no logra concluir su mandato de cinco años.
En la caída de Khan se suman sus desaveniencias con el ejército, a raíz sobre todo del nombramiento de un nuevo jefe de la Inteligencia, y la crítica situación económica, con la inflación y las tasas de interés por las nubes. Khan es mediático, pero su saldo es materia de logros es muy deficiente, en particular en sus promesas de infraestructuras públicas, especialidad del clan rival de los Sharif. Además, Khan ha evitado criticar a Rusia por la invasión de Ucrania y en su momento celebró la vuelta al poder de los talibanes al poder en Afganistán. El primer ministro saliente está por ello convencido de que su caída es fruto de una ‘conspiración de Estados Unidos’.
El nuevo primer ministro, Shehbaz Sharif, fue durante años ministro principal del Punjab, la provincia más poblada de Pakistán, y tiene fama de ser un buen administrador. Su llegada al poder supone el regreso a la alianza entre los dos principales partidos del país. La caída de Khan, por otra parte, puede conllevar una etapa de tumultos en las calles por parte de sus partidarios, en un momento en el que el extremismo de los talibanes paquistaníes sigue produciendo atentados terroristas.

