Por qué el último “regalo” de Kim a Trump demuestra que las cosas han cambiado

El Ejército de Corea del Sur confirmó este jueves 20 de agosto de 2026 el lanzamiento de una decena de misiles balísticos de corto alcance por parte de Corea del Norte. Los proyectiles fueron disparados alrededor de las 17:00 hora local desde la zona de Pyonyang, recorriendo unos 300 kilómetros antes de caer en el mar de Japón (mar del Este) sin ingresar a la Zona Económica Exclusiva japonesa. El ensayo balístico —el tercero registrado en lo que va de agosto— se produce en plena visita del ministro de Exteriores de China, Wang Yi, a Seúl y pocas horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara el recorte de los ejercicios militares anuales Ulchi Freedom Shield (UFS) para impulsar una cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong Un.

La secuencia resulta significativa. No porque el lanzamiento implique necesariamente que Pyongyang haya decidido cerrar cualquier posibilidad de negociación, sino porque demuestra que Corea del Norte continúa considerando su capacidad militar una herramienta esencial de presión diplomática. El mensaje parece ser que reducir unas maniobras militares no basta para modificar sus cálculos estratégicos.

El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur detectó alrededor de diez misiles de corto alcance. Japón confirmó igualmente el lanzamiento de varios misiles y señaló que habrían alcanzado unos 320 kilómetros de distancia y una altitud máxima cercana a los 90 kilómetros, sin entrar en su zona económica exclusiva.

El presidente estadounidense había ordenado reducir sustancialmente la participación de Estados Unidos en las maniobras Ulchi Freedom Shield, uno de los principales ejercicios militares anuales con Corea del Sur. Las maniobras, que comenzaron esta semana, terminarán el viernes, seis días antes de lo inicialmente previsto, y algunos ejercicios de campo también fueron reducidos.

Trump presentó el movimiento como parte de su estrategia para rebajar la tensión y recuperar el contacto con Kim. De hecho, afirmó que espera reunirse con el líder norcoreano este año. Pero Pyonyang no respondió con la reciprocidad que Washington aparentemente esperaba.

Kim Yo-jong rechaza la oferta de Trump

La respuesta de Kim Yo-jong, vicedirectora del Comité Central del Partido de los Trabajadores y principal portavoz del régimen en asuntos exteriores, echó por tierra el optimismo de la Casa Blanca. A través de un comunicado oficial difundido por la agencia estatal KCNA, la influyente hermana de Kim Jong-un desestimó el recorte temporal del ejercicio conjunto UFS, afirmando que modificar la duración o el formato no altera la naturaleza «provocadora, agresiva y de ensayo de invasión» de las maniobras aliadas. Para Pyonyang, estos gestos son vistos como un «engaño táctico» que no frena el desarrollo de su arsenal nuclear ni justifica el retorno a la mesa de negociaciones.

Sin embargo, hay un matiz importante. La declaración norcoreana no adoptó el tono más incendiario habitual. Kim Yo-jong señaló que las relaciones personales entre su hermano y Trump siguen siendo excelentes y recordó los buenos recuerdos que Kim conserva del presidente estadounidense. Esa combinación —rechazo de las concesiones estadounidenses, pero mantenimiento de una puerta abierta a Trump— puede interpretarse como una forma de elevar el precio de una futura negociación sin romperla. (AP News)

Los proyectiles no fueron dirigidos contra territorio surcoreano o japonés. Fueron lanzados hacia el mar. Eso reduce el riesgo inmediato de una escalada militar directa, pero no elimina el componente político.

Corea del Norte demuestra que puede continuar probando y desplegando armamento mientras Estados Unidos intenta aproximarse. La señal para Washington es que Pyongyang no considera suficiente una reducción de maniobras militares como condición para regresar a la mesa de negociación.

Hay además una cuestión estratégica. El programa de misiles norcoreano no depende exclusivamente de las relaciones con Estados Unidos. Forma parte de un proceso más amplio de modernización militar que Pyonyang ha mantenido durante años. Los lanzamientos permiten entrenar unidades, comprobar sistemas y mantener presión sobre Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.

El problema para Washington es que el escenario actual no es exactamente el mismo que el de las cumbres de 2018 y 2019. Las negociaciones de entonces terminaron sin un acuerdo sobre desnuclearización y sanciones. Desde aquel momento, Corea del Norte ha continuado desarrollando sus capacidades militares.

Trump parece apostar nuevamente por su relación personal con Kim. Sin embargo, el último episodio demuestra las limitaciones de esa estrategia: la relación personal entre dirigentes no elimina los intereses estructurales de los Estados.

Corea del Sur queda atrapada entre diálogo y disuasión

El lanzamiento también coloca al presidente surcoreano, Lee Jae Myung, ante una situación delicada. Lee ha respaldado los esfuerzos estadounidenses para crear condiciones de diálogo y ha valorado positivamente la reducción de los ejercicios. Pero, al mismo tiempo, su Gobierno debe responder ante una prueba militar norcoreana.

Seúl convocó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad Nacional tras el lanzamiento y ordenó mantener la preparación militar, una decisión que evidencia una de las contradicciones centrales de la península: aunque reducir la tensión militar puede favorecer la diplomacia, una disminución excesiva de la disuasión corre el riesgo de ser interpretada como una concesión.

Por su parte, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) emitió un comunicado oficial este jueves 20 de agosto de 2026 condenando enérgicamente el lanzamiento masivo de una decena de misiles balísticos por parte de Corea del Norte, instando a Pyonyang a detener de inmediato todas las acciones que pongan en riesgo la seguridad regional. La UE recordó que estos ensayos violan de forma flagrante múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (como la 1718 y la 2397), las cuales prohíben taxativamente al régimen norcoreano cualquier actividad vinculada a tecnologías de misiles balísticos y armas de destrucción masiva.

El lanzamiento de esta decena de misiles no demuestra que Trump y Kim hayan perdido definitivamente la posibilidad de volver a reunirse. Más bien muestra que el camino hacia una nueva negociación será considerablemente más complejo de lo que sugieren las declaraciones presidenciales.

Trump ofrece reducir ejercicios militares y habla de una futura reunión. Pionyang responde que esas medidas son insuficientes y acompaña sus palabras con una demostración de capacidad misilística. Al mismo tiempo, Kim Yo-jong evita cerrar completamente la puerta.

Ese patrón —presión militar, mensajes políticos y posibles concesiones graduales— ha acompañado durante años la relación entre Corea del Norte y Estados Unidos. La diferencia ahora es que ambos parecen tantear nuevamente el terreno sin haber establecido todavía las condiciones básicas de una negociación. @mundiario