Las aplicaciones de citas también pueden convertirse en un inesperado punto de entrada para los servicios de inteligencia. Ese es el trasfondo del caso que ha afectado a un militar español destinado en el cuartel general del Mando Marítimo Aliado de la OTAN (MARCOM), situado en Northwood, al norte de Londres.
El oficial, cuya identidad no ha trascendido, conoció a través de Tinder a Janina White, ciudadana británica y polaca nacida en Rusia. La relación sentimental no habría tenido inicialmente ninguna apariencia de actividad ilícita, pero la situación cambió cuando los servicios de seguridad comenzaron a examinar el entorno de la mujer y sus posibles conexiones con Rusia.
White ha rechazado públicamente cualquier relación con el espionaje ruso y ha negado tener vínculos con el círculo de poder de Vladímir Putin. También sostiene que las conversaciones con el militar no estuvieron relacionadas con asuntos profesionales.
El problema, desde la perspectiva de la seguridad de la OTAN, no se limitaba a la identidad de la mujer, sino al nivel de acceso que pudo alcanzar como acompañante del oficial.
El acceso a instalaciones sensibles, el punto más delicado
Según la información publicada por medios británicos, White llegó a entrar en las instalaciones de Northwood durante una celebración navideña. Además, habría acompañado al militar en otros desplazamientos, incluida una visita a las instalaciones del mando marítimo aliado en Oeiras, Portugal.
Este aspecto resulta especialmente relevante porque un riesgo de contrainteligencia no depende necesariamente de que se haya producido una filtración demostrada. En estructuras militares como la OTAN, la posibilidad de que una persona con acceso a información sensible mantenga una relación estrecha con alguien considerado potencialmente vulnerable a la influencia de un servicio extranjero puede ser suficiente para activar los protocolos de seguridad.
La investigación interna se prolongó durante meses. Finalmente, la Alianza decidió retirar al militar su acreditación de seguridad y su autorización para acceder a la base británica, además de ordenar su regreso a España.
Un caso que refleja la nueva batalla del espionaje
El episodio adquiere una dimensión mayor por el contexto de creciente tensión entre Rusia y los países de la OTAN. Las relaciones personales, las redes sociales y las aplicaciones de citas forman parte de los nuevos escenarios que preocupan a los servicios de contrainteligencia, especialmente cuando afectan a personas con acceso a información clasificada.
La Armada española ha descrito el asunto como un “incidente puntual”. Tras su regreso a España, tampoco ha trascendido públicamente cuál es su situación profesional actual.
Más allá de la relación sentimental, el caso deja una conclusión significativa: en los organismos militares de alto nivel, el riesgo no se evalúa únicamente por lo que un empleado revela, sino también por quién puede acceder indirectamente a su entorno y a espacios protegidos. La historia de Tinder, por tanto, terminó adquiriendo una dimensión muy alejada de la esfera privada. @mundiario
