¿Por qué Ursula von der Leyen quiere acercar a Canadá a la Unión Europea como nunca antes?

La relación entre Europa y Canadá acaba de entrar en un terreno desconocido. Durante su discurso sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo, Ursula von der Leyen propuso públicamente al primer ministro canadiense, Mark Carney, trabajar para crear un nuevo estatus de “miembro asociado” de la UE. La figura no existe actualmente en los tratados comunitarios y, precisamente por eso, el anuncio tiene una dimensión que va mucho más allá de la diplomacia convencional.

Carney, además, asistió al discurso como primer dirigente no europeo invitado presencialmente al acto. Su presencia y la ovación recibida en el Parlamento Europeo simbolizaron el nuevo clima político entre ambas partes.

El momento elegido no parece casual. Canadá mantiene una enorme dependencia económica de Estados Unidos, mientras su relación con Washington atraviesa una etapa especialmente complicada. Las tensiones comerciales y las declaraciones procedentes del entorno de Donald Trump han llevado a Ottawa a buscar nuevas vías para diversificar sus relaciones económicas y estratégicas.

Europa también afronta un escenario diferente. Bruselas intenta reducir su dependencia de un único socio internacional y reforzar su capacidad para actuar en ámbitos como la energía, la defensa, la tecnología y las materias primas.

En ese contexto, Canadá aparece como un socio con características singulares: está fuera del continente europeo, pero mantiene una estrecha vinculación económica y política con la UE y comparte con los Veintisiete buena parte de sus prioridades estratégicas. El propio Carney ya había hablado de construir una “alianza única” con Europa, sin plantear una adhesión convencional.

¿Qué supondría ser un “miembro asociado”?

Aquí se encuentra una de las principales incógnitas. Von der Leyen no presentó durante su intervención un modelo jurídico cerrado ni explicó qué derechos y obligaciones tendría Canadá bajo esa nueva fórmula

Una incorporación plena tampoco está actualmente planteada. La pertenencia ordinaria a la UE está vinculada a los requisitos establecidos en los tratados comunitarios, incluida la cuestión territorial. Por ello, el concepto de asociación permitiría explorar una integración mucho más profunda sin convertir a Canadá en un Estado miembro.

La idea, además, no parte completamente de cero. En mayo se había planteado en Europa un estatus similar para Ucrania, concebido como una fórmula intermedia que permitiría una mayor participación en las estructuras comunitarias sin alcanzar la condición de miembro de pleno derecho.

En el caso canadiense, sin embargo, el modelo tendría que adaptarse a las dimensiones económicas y estratégicas del país. También se ha mencionado como alternativa una eventual vinculación con el Espacio Económico Europeo, aunque esta posibilidad ha sido considerada poco probable.

Del comercio a la seguridad, la tecnología y el Ártico

La novedad más relevante está en que la futura relación no se limitaría al intercambio de bienes. Bruselas plantea ampliar la cooperación hacia sectores considerados estratégicos para las próximas décadas.

El punto de partida es el CETA, el acuerdo comercial entre Canadá y la UE, que según los datos citados por Von der Leyen ha contribuido a incrementar un 75 % el comercio bilateral de bienes desde su entrada en vigor. Ahora la intención es avanzar hacia una relación bautizada como “Alianza para el Futuro”.

El nuevo marco podría incluir cooperación en inteligencia artificial, computación cuántica, ciberseguridad, baterías, minerales críticos, energía y manufactura avanzada. Uno de los elementos más sensibles sería también una mayor coordinación de las industrias de defensa.

El Ártico ocupa un lugar especial en este planteamiento. Canadá posee una posición geográfica privilegiada en una región que ha adquirido una creciente importancia económica, energética y militar.

El siguiente paso corresponderá ahora a Ottawa. Carney tiene previsto dirigirse al Parlamento Europeo y podría concretar qué tipo de relación pretende construir Canadá con la Unión. La propuesta está todavía en una fase política inicial y deberá traducirse en acuerdos jurídicos y mecanismos concretos.

Si finalmente prospera, Europa y Canadá habrán creado una fórmula inédita para profundizar su relación sin recurrir a una adhesión convencional. Una solución que podría convertirse en referencia para futuras asociaciones y que refleja hasta qué punto el mapa de alianzas internacionales está cambiando. @mundiario