A Lagos y Bachelet no les une el amor a Boric, sino el espanto a José Antonio Kast. Este no logró, con la rapidez que necesitaba, el empellón público de Franco Parisi. Cuando lo hizo, ya era demasiado tarde. No supo manejar los tiempos, esa guadaña en elecciones y en la vida. Tampoco despojarse de la sombra de la dictadura de Augusto Pinochet (poco oportuna la muerte de su viuda) ni mantener en silencio a algunos de sus charlatanes que erizaban la sensibilidad de la población. Kast, una versión andina del modelo Vox, cayó y lo hizo con nobleza. Se apresuró a felicitar a su adversario y le deseo suerte (la va a necesitar).
El presidente en ejercicio, Sebastián Piñera, mantuvo la tradicional vídeoconferencia con el ganador de las elecciones. La escena que se repite cada cuatro años, resulta ejemplar para el mundo. Rota la alternancia de poder entre Bachelet y Piñera de los últimos 16 años, Boric escuchó la sugerencia del que será su antecesor en el poder, de hacerse una foto cuando entre como presidente en La Moneda y otra cuando cumpla su mandato. Así podrá comprobar, en su propio rostro, lo duro que es presidir, «ese lugar que llamamos Chile», como se refirió a su país el presidente electo, en esa, su primera intervención tras saber que sí, que él había ganado.

