Qué queda de la independencia que Enrique y Meghan buscaron al marcharse a EE UU

Cuando Enrique y Meghan se alejaron de la vida institucional de la monarquía en 2020, su objetivo no era únicamente cambiar de residencia. También pretendían desarrollar una actividad profesional y económica propia, alejada de las obligaciones y de la financiación asociadas a la Corona.

Estados Unidos se convirtió en el escenario de ese proyecto. Allí encontraron contratos millonarios, una enorme atención mediática y la posibilidad de transformar su experiencia dentro de la familia real en contenido, entretenimiento, iniciativas filantrópicas y negocios.

Netflix fue uno de los principales pilares de aquella estrategia. El acuerdo inicial, valorado en torno a 60 millones de dólares según distintas informaciones, dio lugar a producciones como Enrique y Meghan y Corazón de Invictus. Sin embargo, la relación terminó evolucionando hacia un acuerdo de primera opción, menos ambicioso que el planteado inicialmente.

Spotify tuvo un recorrido todavía más corto. El contrato, anunciado por unos 20 millones de dólares, terminó en 2023 después de que Archewell Audio produjera únicamente una temporada de Archetypes.

Una fortuna importante, pero también una estructura costosa

Los Sussex no partieron de cero. Enrique disponía de la herencia recibida de su madre, Diana de Gales, que le permitió afrontar su salida de la estructura económica de la familia real. A ello se sumaron posteriormente ingresos procedentes de publicaciones, televisión, inversiones y acuerdos comerciales.

El éxito editorial de En la sombra fue especialmente significativo. Las memorias del príncipe se convirtieron en un fenómeno internacional y reforzaron su capacidad para generar ingresos a partir de su propia historia.

Pero la independencia también tiene un precio. Su vivienda en Montecito, el personal, los desplazamientos y, especialmente, la seguridad privada representan una estructura de gastos considerable. Algunas informaciones sitúan el coste anual de la protección privada en torno a los tres millones de dólares.

La propia organización de sus proyectos también ha cambiado. Archewell ha reducido su estructura y ha optado por fórmulas que externalizan parte de la gestión, mientras la pareja ha ido abandonando algunos proyectos que inicialmente parecían destinados a convertirse en grandes negocios.

Meghan apuesta por el ‘lifestyle’ y Enrique por otro perfil público

La evolución de ambos también ha sido diferente. Enrique ha concentrado buena parte de su actividad en la salud mental, los veteranos de guerra y diferentes iniciativas filantrópicas. Su trabajo con BetterUp y su implicación en los Juegos Invictus encajan en ese perfil.

Meghan, en cambio, ha explorado con mayor intensidad el terreno comercial. Su marca As Ever nació después de reformular el proyecto inicialmente conocido como American Riviera Orchard y se orientó hacia productos de alimentación y estilo de vida.

El lanzamiento consiguió una respuesta inmediata y algunos artículos se agotaron rápidamente. Sin embargo, la ruptura posterior de su relación empresarial con Netflix dejó a la duquesa con mayor responsabilidad sobre el futuro de la marca.

Por eso, el regreso al Reino Unido puede convertirse en una nueva etapa. No significa necesariamente abandonar Estados Unidos ni sus negocios, pero sí devuelve a la pareja al entorno del que quiso distanciarse y donde comenzó todo.

Seis años después, la pregunta ya no es si Enrique y Meghan consiguieron escapar de la institución, sino si lograron construir una independencia suficientemente sólida para sostenerse al margen de ella. @mundiario