El Real Madrid volvió a tropezar, esta vez ante el Girona FC, en una noche que sonó a despedida de LaLiga en el Santiago Bernabéu. El empate dejó al equipo blanco contra las cuerdas en la competición doméstica y con la mirada completamente desviada hacia la Champions.
El partido confirmó una sensación cada vez más evidente: este Madrid vive entre dos realidades. Durante fases dominó, generó y empujó, pero volvió a mostrar una alarmante falta de eficacia. Kylian Mbappé sigue sin encontrar soluciones en los metros finales y Vinicius Jr. ha perdido ese desequilibrio que marcaba diferencias.
En contraste, hubo brotes verdes en nombres como Jude Bellingham o Eduardo Camavinga, que ofrecieron orden y energía en el centro del campo. También Dani Carvajal dejó señales de estar listo para asumir galones en el tramo decisivo.
El Girona, lejos de intimidarse, jugó con inteligencia y paciencia. Supo resistir, crecer con el paso de los minutos y aprovechar el desconcierto blanco para firmar un empate que dejó helado al Bernabéu, cada vez más desencantado con su equipo.
El mensaje es claro: LaLiga se escapa y el todo o nada está en Múnich. El Madrid ha dejado de mirar la clasificación para fijar todos sus esfuerzos en una remontada europea que marcará el rumbo de la temporada. @mundiario
