Riazor volvió a parecerse a Riazor. Quizá esa sea la conclusión más importante de la victoria del Deportivo ante el Valencia (3-1). Regresó la animación, regresó el ruido y también apareció un equipo mucho más reconocible que el de las dos primeras jornadas. El Dépor necesitaba reencontrarse con su afición, pero también necesitaba reencontrarse consigo mismo.
El minuto 12 marcó un antes y un después. Marathón Inferior recuperó sus colores y el estadio recuperó su voz, prácticamente al mismo tiempo que el Deportivo encontraba el primer gol. A partir de ahí cambió incluso la sensación que transmitía el partido. Riazor volvió a empujar y el equipo respondió con una energía que había faltado ante el Elche y, especialmente, en Málaga.
También cambió Antonio Hidalgo. El técnico apostó por un Deportivo bastante más valiente y encontró en Amatucci, Riki y Mario Soriano una fórmula que merece continuidad. Los tres dieron al equipo más capacidad para asociarse, superar líneas y jugar más tiempo mirando hacia la portería contraria. La estadística final de La Liga dejó más posesión para el Valencia, pero pocas veces dio la sensación de que esa pelota visitante sirviese realmente para gobernar el encuentro.
Ese es precisamente el camino que debería seguir el Deportivo en Riazor. Este equipo no puede afrontar la mayoría de sus partidos en casa esperando acontecimientos ni concediendo la iniciativa por sistema. Evidentemente habrá noches contra Real Madrid, Barcelona o Atlético de Madrid en las que el contexto obligará a protegerse mucho más, pero ante buena parte de La Liga el Dépor tiene argumentos suficientes para atacar, presionar arriba y tratar de imponer su fútbol.
El encuentro ante el Valencia demostró que asumir riesgos tampoco significa perder el equilibrio. El Dépor fue vertical, buscó a sus delanteros y consiguió juntar más futbolistas alrededor del balón. Hubo errores, como el que permitió a Sadiq marcar el 2-1, pero incluso después de ese golpe el equipo no renunció a su planteamiento. Esa personalidad es probablemente lo más positivo que puede extraer Hidalgo de la tarde.
«Aurameyang»
Y después está Pierre-Emerick Aubameyang. Tres jornadas, tres goles y la sensación creciente de que el Deportivo acertó de lleno con una operación que a los más escépticos les generaba dudas por la edad del delantero. A estos pobres ilusos, Auba les está explicando que sus 37 años sigue teniendo una velocidad mental y una calidad en los últimos metros totalmente decisivas. Su definición ante Dimitrievski volvió a separar a un buen delantero de un futbolista diferencial.
Decir ahora que es el mejor fichaje de La Liga sería precipitado, pero va camino de entrar de lleno en esa conversación si mantiene este nivel. Hasta el momento es, con enorme diferencia, la incorporación que más ha elevado el techo competitivo del Deportivo. No solo marca: obliga a las defensas a retroceder, genera espacios y transmite la sensación de que cualquier balón relativamente limpio cerca del área puede convertirse en una ocasión.
En el otro lado apareció un Valencia preocupante. No porque no haya incorporado futbolistas este verano —ha realizado siete fichajes—, sino porque la inversión y la construcción de la plantilla siguen pareciendo insuficientes para la dimensión del club. El propio Carlos Corberán reconoció antes de comenzar la temporada que todavía faltaban piezas. En Riazor se vio un conjunto frágil, con poca amenaza y con demasiados jugadores lejos del nivel que exige su camiseta.
El problema valencianista empieza a parecer una traducción deportiva de todo lo que ocurre alrededor de la entidad. La etapa de Peter Lim lleva años erosionando la ambición del Valencia, y el césped termina reflejando esa pérdida progresiva de competitividad. Un club que no hace tanto aspiraba regularmente a Europa ofreció en A Coruña una imagen demasiado pobre y terminó claramente superado por un equipo recién ascendido.
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— RC Deportivo (@RCDeportivo) August 30, 2026
El Deportivo, mientras tanto, continúa invicto después de tres jornadas y suma cinco puntos de nueve posibles. Todavía queda muchísimo por mejorar y un partido no puede borrar las dudas anteriores, pero por primera vez desde el regreso a Primera hubo una sensación clara de dirección. Riazor volvió a empujar, Hidalgo se atrevió a soltar al equipo y el Dépor respondió. Ese sí parece un punto de partida. @mundiario
