Rusia eleva la presión militar y amenaza con destruir los «centros de decisión» en Kiev

Moscú ha anunciado este lunes que lanzará una campaña de bombardeos “sistemáticos” contra Kiev, incluyendo ataques dirigidos a los llamados “centros de toma de decisiones”, al tiempo que pidió a diplomáticos y ciudadanos extranjeros abandonar “cuanto antes” la capital ucraniana.

El mensaje, difundido por el Ministerio de Exteriores ruso tras uno de los mayores ataques aéreos sobre Kiev desde el inicio de la invasión, no solo busca justificar nuevas ofensivas militares, sino también reforzar una estrategia de intimidación política y desgaste psicológico.

La amenaza llega después de que Rusia acusara a Ucrania de atacar una residencia estudiantil en Starobilsk, en la región ocupada de Lugansk. Moscú sostiene que el bombardeo ucraniano dejó 21 muertos, incluidos niños, mientras Kiev asegura que el objetivo era una instalación militar vinculada a la unidad rusa de drones Rubicon. Como ha ocurrido repetidamente desde el inicio de la guerra, ambos bandos mantienen versiones completamente opuestas sobre la naturaleza de los objetivos atacados.

El Kremlin aprovechó ese episodio para anunciar represalias de gran escala. El Ministerio de Exteriores ruso afirmó que “las Fuerzas Armadas de Rusia proceden al consecuente lanzamiento de ataques sistemáticos contra las empresas de la industria militar ucraniana en Kiev”, incluyendo lugares donde “se proyectan y fabrican los drones”.

Además, el comunicado añade que “los ataques se llevarán a cabo tanto en centros de toma de decisiones como en puestos de mando”, una expresión que Moscú ha utilizado anteriormente para referirse a posibles objetivos gubernamentales, sedes de inteligencia o edificios estratégicos del Estado ucraniano.

La advertencia de evacuar Kiev tiene un fuerte componente simbólico. Rusia ya había emitido avisos similares antes de fechas sensibles, como las celebraciones del Día de la Victoria del 9 de mayo. Sin embargo, el tono actual resulta más explícito y coincide con una intensificación visible de los ataques de largo alcance. Apenas un día antes del anuncio, Rusia lanzó un bombardeo masivo con alrededor de 90 misiles y 600 drones, además de misiles hipersónicos Oréshnik, una de las armas más promocionadas por Moscú en los últimos meses.

Según las autoridades ucranianas, los ataques alcanzaron prácticamente todos los distritos de Kiev, provocando muertos, decenas de heridos y daños en infraestructuras civiles, escuelas y edificios culturales, incluido el Museo de Chernóbil. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acusó a Vladímir Putin de seguir “golpeando edificios residenciales con sus misiles”, mientras que Moscú insiste en que sus ataques están dirigidos contra objetivos militares y centros de producción bélica.

Más allá de la dimensión militar, la advertencia rusa parece perseguir varios objetivos simultáneos. El primero es aumentar la presión sobre la población civil y las instituciones ucranianas en un momento en que la guerra entra en una etapa de desgaste prolongado. El segundo es enviar una señal a Occidente. El comunicado ruso acusa directamente a la OTAN y a los aliados occidentales de facilitar armamento, inteligencia y apoyo técnico para ataques ucranianos contra territorio controlado por Rusia. Según Moscú, “todo esto ha agotado nuestra paciencia”.

La referencia a especialistas de la OTAN trabajando en programas de drones ucranianos encaja con la narrativa rusa de presentar el conflicto no como una guerra bilateral, sino como una confrontación indirecta entre Rusia y Occidente. Esa interpretación es clave para entender por qué el Kremlin insiste en elevar el perfil estratégico de los ataques sobre Kiev.

La llamada telefónica entre el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, apenas horas después del anuncio, refuerza la sensación de que Moscú busca comunicar directamente a Washington la magnitud de la próxima escalada. Según la versión rusa, Lavrov explicó a Rubio los motivos de los ataques y subrayó la recomendación de evacuar Kiev.

 

La reacción occidental ha sido de desafío político. La embajadora de la Unión Europea en Ucrania, Katarina Mathernova, respondió que Rusia intenta generar “miedo”, “pánico” y “aislamiento en Ucrania” y dejó claro que “la UE no va a ir a ninguna parte. Nos quedamos en Kiev. Nos quedamos con Ucrania”. El mensaje busca evitar una imagen de retirada diplomática que pueda interpretarse como una victoria psicológica del Kremlin.

Sin embargo, la advertencia rusa introduce un nuevo factor de incertidumbre. Aunque Moscú ha amenazado en numerosas ocasiones con golpear edificios gubernamentales clave en Kiev, hasta ahora ha evitado atacar directamente las sedes más emblemáticas del poder político ucraniano. Eso ha llevado a algunos analistas a considerar que el Kremlin intenta mantener cierto margen de control sobre la escalada para evitar una reacción aún más contundente de la OTAN.

La posibilidad de ataques más directos contra “centros de toma de decisiones” podría alterar ese equilibrio. Ucrania ya ha advertido anteriormente sobre planes rusos para atacar la Oficina Presidencial en el centro de Kiev, y el uso de misiles hipersónicos y drones de saturación indica que Moscú está dispuesto a incrementar la presión militar sobre la capital.

Al mismo tiempo, Rusia continúa utilizando la lógica de la represalia como justificación política para sus ofensivas. Cada ataque ucraniano contra objetivos en Crimea, Lugansk o territorio ruso sirve al Kremlin para construir un relato de respuesta defensiva, pese a que la invasión a gran escala de Ucrania comenzó por decisión de Moscú en febrero de 2022. Esa narrativa resulta central para mantener el respaldo interno y legitimar una guerra que se prolonga mucho más de lo previsto inicialmente.

La nueva amenaza sobre Kiev refleja, además, la evolución tecnológica y estratégica del conflicto. Los drones de largo alcance, los misiles hipersónicos y los ataques coordinados contra infraestructuras críticas están redefiniendo la guerra moderna en Europa. Ya no se trata únicamente de controlar territorios en el frente oriental, sino también de erosionar la capacidad administrativa, energética y psicológica del adversario. @mundiario