Rusia golpea a Kiev de lleno con el misil Oreshnik y estalla la tensión con Europa

El ataque masivo lanzado por Rusia contra Kiev durante la madrugada del domingo no solo dejó al menos cuatro muertos y más de un centenar de heridos, sino que también introdujo un elemento de enorme peso estratégico: la utilización confirmada del misil hipersónico Oreshnik, un sistema que Moscú presenta como prácticamente imposible de interceptar y con capacidad potencial para portar cabezas nucleares.

La ofensiva golpeó prácticamente todos los distritos de la capital ucraniana y se extendió a varias regiones del país. Las autoridades ucranianas denunciaron daños en edificios residenciales, escuelas, supermercados, almacenes, centros culturales e incluso sedes diplomáticas.

El ataque, uno de los mayores registrados en el último año, se produjo en un momento particularmente delicado para el conflicto, con las negociaciones internacionales prácticamente paralizadas y con Europa cada vez más preocupada por el alcance tecnológico y político de la escalada rusa.

Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó cerca de 600 drones y unos 90 misiles en una operación combinada que se prolongó durante varias horas. Aunque gran parte de los proyectiles fueron interceptados, decenas lograron impactar sobre infraestructuras urbanas y zonas civiles.

El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, confirmó daños en prácticamente todos los distritos de la capital. Entre los edificios afectados figuraron viviendas, centros comerciales, oficinas, almacenes y escuelas. También resultaron dañadas instituciones culturales emblemáticas, como el Museo Nacional de Arte de Ucrania y el Teatro de la Ópera de Kiev.

Uno de los episodios más simbólicos fue el impacto sufrido por el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano, algo que, según el ministro de Exteriores Andrii Sybiha, no ocurría desde la II Guerra Mundial.

El misil Oreshnik: la pieza central de la escalada rusa

La dimensión más inquietante del ataque fue la confirmación del uso del misil hipersónico Oreshnik. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aseguró que Rusia utilizó este sistema contra Bila Tserkva, en la región de Kiev.

El Oreshnik, cuyo nombre significa “avellano” en ruso, es clasificado por Moscú como un misil balístico de alcance medio. Según las afirmaciones del Kremlin, puede alcanzar velocidades cercanas a Mach 10 y golpear objetivos situados entre 3.000 y 5.500 kilómetros de distancia.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha presentado esta arma como una plataforma capaz de destruir búnkeres subterráneos y superar cualquier sistema actual de defensa antimisiles. Aunque varios analistas occidentales consideran que el sistema podría ser una evolución del antiguo RS-26 Rubezh, el efecto político y psicológico de su empleo ha sido inmediato.

El ataque sobre Kiev supone además un cambio importante en el patrón operativo ruso. Hasta ahora, el Oreshnik había sido utilizado en Dnipró y posteriormente en la región de Leópolis. Su uso directo sobre el entorno de la capital ucraniana incrementa la percepción de riesgo estratégico en Europa.

Europa reacciona: temor a una escalada sin precedentes

La reacción europea fue prácticamente inmediata. La alta representante de la diplomacia europea, Kaja Kallas, calificó el uso del Oreshnik como una “temeraria apuesta al borde del abismo nuclear”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sostuvo que el ataque demuestra “la brutalidad del Kremlin y su desprecio tanto por la vida humana como por las negociaciones de paz”.

El canciller alemán, Friedrich Merz, habló de una “escalada temeraria”, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, denunció el bombardeo de objetivos civiles y vinculó el uso del Oreshnik con una nueva fase de endurecimiento militar ruso.

En paralelo, Polonia activó aviones de combate para proteger su espacio aéreo ante la cercanía de los ataques, una señal de cómo la guerra empieza a generar preocupaciones de seguridad más amplias dentro de la OTAN.

Moscú justificó el ataque como respuesta a un supuesto bombardeo ucraniano contra una residencia universitaria en Starobilsk, territorio ocupado por Rusia en Lugansk. Kiev negó haber atacado civiles y afirmó que el objetivo era una unidad rusa de drones. Sin embargo, el tamaño de la ofensiva y la utilización del Oreshnik apuntan a algo más amplio que una simple represalia táctica. 

Por un lado, busca desgastar psicológicamente a la población ucraniana mediante ataques masivos sobre centros urbanos. Por otro, intenta transmitir a Occidente la idea de que dispone de nuevas capacidades militares difíciles de neutralizar.

La utilización pública de un misil presentado como hipersónico y potencialmente nuclear también funciona como una herramienta de disuasión política. Moscú pretende elevar el coste psicológico de la implicación occidental en el conflicto y advertir sobre la posibilidad de una guerra tecnológicamente más agresiva.

 

El impacto sobre las negociaciones y el equilibrio internacional

El ataque llega en un momento en el que los esfuerzos diplomáticos atraviesan uno de sus periodos más débiles desde el inicio de la guerra. Las iniciativas impulsadas por Estados Unidos para abrir negociaciones se han ralentizado considerablemente, mientras Washington concentra buena parte de su atención estratégica en Oriente Próximo y Asia.

En ese contexto, Rusia parece interpretar que dispone de mayor margen para intensificar la presión militar sobre Ucrania. La combinación de drones baratos, misiles balísticos convencionales y armas hipersónicas permite a Moscú saturar las defensas ucranianas y obligar a Europa a acelerar el envío de sistemas antiaéreos más sofisticados.

El problema para Occidente es que el uso repetido del Oreshnik introduce un nuevo elemento de incertidumbre estratégica. Aunque no haya sido equipado con cabezas nucleares, su sola presencia en el campo de batalla altera la percepción del riesgo regional.

El bombardeo sobre Kiev refleja cómo el conflicto se está transformando progresivamente en una guerra de desgaste tecnológico y psicológico. Rusia continúa utilizando ataques masivos para presionar la capacidad defensiva ucraniana, mientras Kiev depende cada vez más de la asistencia militar occidental para sostener sus sistemas de protección aérea. @mundiario