Para llevar a cabo este tipo de ataques, los cibercriminales cambian de argumento en función de la empresa o entidad bancaria a la que estén suplantando.
En el caso de los bancos, los cibercriminales explican a través de la llamada que alguien ha accedido a nuestra cuenta y/o tarjeta, que ha realizado un cargo en las mismas, o simplemente, solicita que le demos información sobre nuestra firma digital.
«En primer lugar, contactan con la víctima por teléfono suplantando el número de atención al cliente del banco (o la empresa/servicio suplantado) y le informan que alguien ha accedido a su cuenta y/o tarjeta, o que se le ha hecho un cargo de 950 euros (la cantidad puede variar en cada caso) ese día en una de sus tarjetas, solicitando confirmación de si ha realizado él la operación», explican desde la institución.
En el caso de los proveedores de gas y electricidad, las llamadas fraudulentas se realizan con el objetivo de capturar nuestros datos personales.
Desde Incibe remarcan que «no se descarta que (los delincuentes) estén llamando a usuarios haciéndose pasar por cualquier otro servicio o empresa con el fin de engañarles y robar sus datos personales y bancarios». La estafa, además, tiene algunas particularidades. Por ejemplo, la conversación en muchos casos no es del todo fluida y se entrecorta. Además, si la víctima realiza preguntas que el estafador no sabe responder o pone en duda su credibilidad, este último procede a cortar la comunicación.
Para evitar ser víctima de fraudes de tipo, Incibe recomienda no proporcionar ningún tipo de información personal a los desconocidos que te llaman diciendo que lo hacen en nombre de tu banco o compañía de gas y/o electricidad. Para evitar caer en la trampa, también es útil que el usuario interactue con él y lo cuestione. Si el interlocutor no inspira confianza, o se duda de sus propósitos, se debe cortar la comunicación y contactar a través de los canales oficiales con tu banco o con tu empresa para consultarlo.

