Si yo fuera Mourinho ante el Sevilla, este sería mi once revolucionario

El Santiago Bernabéu abre sus puertas en una noche de profundas transformaciones tácticas y máxima exigencia competitiva. Tras la catártica remontada europea protagonizada ante la Roma en Champions League, el Real Madrid recibe al Sevilla inmerso en un proceso de reinvención obligada en su línea de vanguardia. La sanción federativa de cuatro encuentros impuesta a Vinicius Júnior inaugura un periodo de mes y medio donde el conjunto de José Mourinho deberá sostener el pulso doméstico sin el concurso de su extremo estelar, huérfano de su habitual desborde en el torneo de la regularidad.

Lejos de lamentar el castigo en sala de prensa, el preparador de Setúbal prefirió quitar hierro al asunto con su habitual tono irónico: «¿Sanción a Vini? Estoy contento porque pensaba que le iban a sancionar más». Sin embargo, de puertas hacia adentro en Valdebebas, la ausencia forzosa del brasileño abre un abanico de incógnitas tácticas que el técnico portugués ha debido madurar contra reloj, espoleado por el excelso rendimiento ofrecido por la segunda unidad en tierras transalpinas.

La alternativa que ha ganado enteros en las últimas horas es la más inesperada antes del desembarco en Italia. La descomunal irrupción de Endrick sobre el césped del Olímpico, donde revolucionó el duelo hasta desarbolar por completo el entramado defensivo de Gian Piero Gasperini, tienta seriamente a Mourinho para otorgarle la titularidad en el costado diestro. Con Kylian Mbappé inamovible como faro terminal en el centro del ataque, la banda izquierda quedaría en manos del marfileño Yan Diomande, autor de notables minutos en ese mismo carril exterior.

Esta audaz apuesta por un tridente joven y explosivo acarrearía, no obstante, un replanteamiento estructural en la zona ancha. Dar entrada a Endrick junto a Mbappé y Diomande obligaría a retrasar la posición de Jude Bellingham al escalón de interiores, alterando la distribución espacial que el entrenador luso venía utilizando durante el arranque de temporada y exigiendo un esfuerzo extra de sacrificio al astro inglés.

Por si fuera poco, la titularidad no está ni mucho menos cerrada debido al momento dulce de Arda Güler. El mediapunta turco demostró en Roma que sentarlo en la caseta roza el pecado deportivo, ofreciendo una clarividencia en el último pase que el equipo reclama con urgencia. Su polivalencia le permite opositar tanto a una plaza en el sector ofensivo como a un hueco directo en la medular como vértice creativo junto a los destructores habituales.

El retoque en la medular y el fantasma del Camp Nou

El propio entrenador reconoció el dilema de meritocracia que sobrevuela su cabeza tras el choque europeo. Futbolistas que revolucionaron la segunda parte en Roma como Endrick o el canterano Iker Espí —también autor de una diana providencial— han hecho méritos de sobra para reclamar paso, pero los hombres que sostuvieron el desgaste inicial, entre ellos Diomande y el insustituible Mbappé, también cuentan con el respaldo incondicional del preparador.

La otra gran encrucijada radica en la sala de máquinas, donde la falta de fluidez en la distribución ha sido objeto de severas críticas. Mourinho valora seriamente romper el doble pivote de contención y sentar a Aurélien Tchouaméni antes que a Fede Valverde, apostando por una medular más combinativa donde Bellingham o el propio Güler ayuden en la salida limpia de balón. Por detrás, en el entramado defensivo, Dean Huijsen apunta a reaparecer en el once tras cumplir su sanción continental y formar pareja en el eje con Konaté.

Desde la trinchera hispalense, el técnico Luis García Plaza ha dejado claro que su tropa no acudirá de comparsa a Chamartín, advirtiendo del nivel de concentración necesario para pescar en el feudo blanco: «Para ganar al Madrid en su campo hay que hacer un partido perfecto». El Sevilla buscará aprovechar las dudas defensivas y los desajustes de un bloque en plena metamorfosis para dar la campanada de la jornada y alejarse de las zonas calientes de la tabla clasificatoria.

El margen de error para los pupilos de Mourinho es absolutamente inexistente. El arrollador triunfo del Barcelona en La Cartuja obliga a la escuadra madridista a amarrar los tres puntos para no presentarse al inminente Clásico del próximo fin de semana en el Camp Nou con una desventaja insalvable. Dejar escapar puntos este domingo abriría una brecha psicológica que resultaría sumamente difícil de justificar ante el exigente graderío de Concha Espina en pleno mes de octubre.

El choque de esta noche medirá el carácter competitivo de un Real Madrid obligado a reinventarse sobre la marcha. Sin la chispa desequilibrante de Vinicius y con la sombra del Camp Nou en el horizonte, los merengues saltan al tapete encomendados a la rebeldía de Endrick y la voracidad de Mbappé; una prueba de fuego decisiva para certificar si el golpe de timón de Roma fue un espejismo europeo o el nacimiento de un nuevo orden táctico. @mundiario