Sudamérica todavía tiene a Argentina en el Mundial, pero ha perdido casi todo lo demás. La campeona del mundo sigue viva y peleará por meterse en semifinales, aunque lo hará como única representante de una confederación acostumbrada durante décadas a tener más presencia en las rondas decisivas.
El dato es claro: de las seis selecciones sudamericanas que disputaron el torneo, solo Argentina alcanzó los cuartos de final. Brasil, Paraguay y Colombia cayeron en octavos. Ecuador se quedó en dieciseisavos, después de perder contra México. Uruguay ni siquiera superó la fase de grupos. No es una desaparición total, pero sí un bajón evidente en el momento en el que el Mundial empieza a separar a los equipos competitivos de los verdaderamente aspirantes.
Argentina tampoco llegó a cuartos sobrada. Superó a Cabo Verde en dieciseisavos y sufrió muchísimo ante Egipto en octavos, en un partido que volvió a exigirle más carácter que autoridad. Sigue en pie, pero su supervivencia no tapa el problema general: detrás de Argentina, Sudamérica se quedó sin representantes demasiado pronto.
La comparación histórica agranda el golpe. En 2014, Sudamérica metió a Brasil, Argentina y Colombia entre las ocho mejores selecciones del mundo. En 2018 llegaron Brasil y Uruguay. En 2022 estuvieron Argentina y Brasil. En 2026, en un Mundial ampliado a 48 equipos y 104 partidos, solo queda Argentina. Había más plazas, más partidos y más margen competitivo, pero menos presencia sudamericana en cuartos.
Brasil representa el golpe más simbólico. Ganó a Japón en dieciseisavos, pero cayó ante Noruega en octavos. Para cualquier selección sería una eliminación dolorosa; para Brasil es algo más. Es la confirmación de que la camiseta ya no impone como antes y de que el talento individual no siempre alcanza cuando el equipo no transmite solidez.
Paraguay y Colombia dejaron sensaciones distintas, pero terminaron en el mismo lugar. Paraguay protagonizó una de las grandes sorpresas al eliminar a Alemania en los penaltis, aunque después no pudo con Francia. Colombia superó a Ghana, pero se quedó fuera ante Suiza también desde los once metros. Compitieron, tuvieron momentos y no estuvieron lejos, pero ninguna consiguió cruzar la frontera de los cuartos.
Ecuador, por su parte, sí pasó de la fase de grupos, pero su Mundial terminó demasiado pronto para una selección que aspiraba a algo más. Cayó ante México en dieciseisavos y no logró convertir su crecimiento de los últimos años en una presencia real en las rondas fuertes. Uruguay fue todavía más decepcionante: se marchó en la fase de grupos, lejos de la imagen competitiva que suele acompañar a su historia.
El problema, por tanto, no es solo de resultados. Es de profundidad. Sudamérica sigue teniendo una selección capaz de ganar el Mundial, pero ha perdido acompañamiento. Ya no aparecen tres o cuatro equipos empujando en paralelo. Ya no se ve a Brasil, Uruguay, Colombia o Ecuador instalados con naturalidad entre los mejores. En 2026, casi todos se quedaron antes.
Mientras tanto, Europa llenó el cuadro. Francia, España, Bélgica, Inglaterra, Suiza y Noruega llegaron a cuartos. Marruecos sostuvo el peso africano. Sudamérica quedó reducida a Argentina. La diferencia no está únicamente en el talento, sino en la capacidad colectiva para competir cuando el torneo entra en los cruces más exigentes.
El Mundial no dice que el fútbol sudamericano haya dejado de producir jugadores. Eso sería una exageración. Lo que sí dice es que su peso competitivo se ha estrechado. Argentina continúa, pero el continente ya no empuja con la misma fuerza. Y si la campeona cae, Sudamérica se quedará sin nadie antes de semifinales. @mundiario
