El fútbol europeo vivió este domingo uno de sus compromisos más tensos, insólitos y politizados de los últimos años sobre el césped del estadio Nagyerdei de Debrecen, en Hungría. En un escenario prácticamente desierto por motivos de seguridad, la selección de la República de Irlanda se impuso con una contundencia inapelable por 0-3 frente a Israel en la segunda jornada del Grupo B3 de la Uefa Nations League. Sin embargo, el estricto desarrollo deportivo quedó completamente subordinado a los intensos gestos de protesta y a la densa atmósfera que rodeó la cita.
La carga reivindicativa del combinado británico se hizo visible desde los actos protocolarios previos al pitido inicial. Todos los internacionales irlandeses lucieron un brazalete negro en el brazo derecho en memoria de las víctimas mortales en la Franja de Gaza y optaron por agachar la cabeza de forma unánime mientras sonaba el himno de su adversario por la megafonía. Además, los capitanes de ambas escuadras evitaron estrecharse las manos en el sorteo de campos, plasmando la fractura absoluta entre los dos bandos.
En el plano estrictamente competitivo, el encuentro quedó visto para sentencia en apenas 25 minutos de apabullante dominio táctico por parte del conjunto dirigido por Heimir Hallgrimsson. La resistencia israelí apenas duró trece minutos, momento en el que el atacante del Real Betis, Troy Parrott, cazó un balón suelto en el interior del área para fusilar a Daniel Peretz con la pierna derecha y abrir la cuenta con pasmosa facilidad.
Apenas dos minutos después, el desconcierto en la zaga de Israel facilitó la segunda estocada del cuadro visitante. Un pase milimétrico al espacio de Jack Moylan permitió la internada de Adam Idah, quien firmó el 0-2 mediante un potente disparo cruzado que dejó sin capacidad de reacción a los locales. El propio Moylan completó su exhibición personal en el minuto 24, protagonizando una slalom individual donde sorteó a varios rivales antes de sellar el definitivo 0-3.
Pese a la abultada ventaja en el marcador, la tensión ambiental se mantuvo latente en cada disputa dividida a lo largo de los noventa minutos. Se produjeron roces esporádicos y amagos de tangana que obligaron a la rápida mediación del colegiado alemán Harm Osmers, mientras que el guardameta Caoimhín Kelleher tuvo que emplearse a fondo en la única ocasión de peligro generada por Israel para sostener el cerrojo en su portería.
El boicot de Bazunu y el debate moral sobre la presencia en el campo
La celebración de este partido había permanecido en el aire hasta la misma víspera debido a los intensos llamamientos al boicot deportivo promovidos por más de 160 atletas en territorio irlandés. La decisión de saltar al terreno de juego se adoptó mediante una votación interna en el hotel de concentración, donde una mayoría de la plantilla respaldó competir formalmente para eludir sanciones federativas de la Uefa, si bien varios integrantes manifestaron serias reservas morales.
La postura más contundente la encarnó el guardameta Gavin Bazunu, quien se negó en redondo a viajar y ser partícipe del enfrentamiento. El futbolista explicó públicamente su ausencia alegando sus convicciones éticas frente a la pérdida de vidas inocentes en Oriente Próximo, confirmando que tampoco formará parte de la expedición en el duelo de vuelta programado para el 4 de octubre en Belgrado, pactado también en sede neutral y a puerta cerrada.
El seleccionador Hallgrimsson defendió la actitud cívica y la templanza de sus futbolistas tras el pitido final: «Nadie está cómodo por jugar estos partidos por muchas razones. Al jugar, no estamos aceptando lo que está ocurriendo en Gaza; los jugadores no están apoyando lo que está ocurriendo allí». El preparador islandés puso en valor la capacidad del grupo para aislarse del ruido exterior y sumar tres puntos balsámicos en el plano deportivo.
El resultado permite a la República de Irlanda estrenar su casillero en la Nations League y alcanzar la tercera plaza del grupo con tres unidades, igualando a Kosovo y situándose a la estela de una Austria intratable que lidera la tabla con seis puntos. Israel, por su parte, se hunde en la última posición sin haber logrado sumar tras encadenar dos derrotas consecutivas en este arranque de torneo.
Irlanda abandona Debrecen habiendo cumplido con rigor en el marcador pero dejando un mensaje político y humanitario de resonancia planetaria. En una época donde el fútbol intenta a menudo esquivar los conflictos bélicos, la postura del combinado verde en territorio húngaro quedará grabada como una de las noches más singulares, incómodas y reivindicativas en la historia reciente de la Uefa. @mundiario
