Todos contra la inmigración, pero no contra Putin: las grietas de la extrema derecha europea

El avance de la extrema derecha en Europa está modificando el mapa político del continente, pero el fenómeno está lejos de ser uniforme. La reciente victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt y su posterior triunfo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental han vuelto a situar a la formación alemana en el centro del debate europeo.

En ambos casos, los resultados reflejan el crecimiento de una fuerza que todavía encuentra dificultades para convertir sus victorias electorales en gobiernos regionales.

Los resultados alemanes forman parte de una tendencia más amplia. Sin embargo, detrás de la etiqueta de extrema derecha existe un conjunto de partidos con posiciones diferentes en asuntos clave. La inmigración es uno de los principales puntos de encuentro, mientras que la relación con Rusia, Bruselas, las políticas económicas o los derechos de las minorías generan importantes fracturas.

El estudio Chapel Hill Expert Survey (CHES), una de las principales bases académicas para analizar las posiciones de los partidos europeos, permite observar esas diferencias. Su edición de 2024 reunió las valoraciones de 609 expertos sobre 279 partidos de 31 países.

En materia migratoria existe uno de los consensos más claros. Los partidos de la derecha radical defienden políticas restrictivas y sitúan el control de las fronteras entre sus principales prioridades.

También comparten posiciones críticas con determinadas políticas climáticas y una defensa de una mayor soberanía nacional frente a las instituciones europeas. Sin embargo, esa coincidencia comienza a romperse cuando aparecen cuestiones internacionales más complejas.

Rusia abre una de las mayores grietas

La guerra de Ucrania ha dejado al descubierto una de las principales divisiones. Mientras algunas formaciones apoyan a Kiev y mantienen una posición crítica con Moscú, otras defienden una relación más cercana con el Kremlin.

El Partido de los Finlandeses y Hermanos de Italia, por ejemplo, han mantenido posiciones favorables a Ucrania, mientras que AfD ha mostrado una mayor disposición a recuperar los vínculos energéticos y políticos con Rusia. El análisis de expertos europeos identifica precisamente esta cuestión como una de las principales líneas de fractura dentro de la derecha radical.

La división también se refleja en el Parlamento Europeo. Las distintas formaciones se distribuyen entre grupos como Conservadores y Reformistas Europeos, Patriotas por Europa y Europa de las Naciones Soberanas, lo que limita su capacidad para actuar como un bloque único.

Economía, derechos sociales y Europa complican el mapa

Tampoco existe una posición económica común. Algunos partidos defienden rebajas fiscales y menor intervención estatal, mientras otros han incorporado propuestas de ayudas sociales, vivienda o protección de determinados sectores.

Algo parecido ocurre con la relación con Bruselas. Aunque buena parte de estas formaciones mantiene un fuerte euroescepticismo, varias han dejado atrás las propuestas de abandonar la UE o el euro. El Brexit contribuyó a modificar ese discurso y favoreció una estrategia centrada en cambiar las políticas europeas desde dentro.

Las diferencias aparecen también en cuestiones como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y los derechos LGTBIQ+. Por eso, el crecimiento electoral de estas fuerzas no significa que exista una agenda común para toda Europa.

La investigación académica apunta, además, a otro efecto: algunas posiciones defendidas inicialmente por estos partidos han ido entrando en el debate de formaciones tradicionales, especialmente en inmigración. El resultado es un desplazamiento del debate político hacia posiciones más restrictivas, incluso allí donde la extrema derecha no gobierna. @mundiario