La primera reunión oficial de la denominada Junta de Paz impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, marca un punto de inflexión en la estrategia diplomática estadounidense respecto a la guerra entre Israel y Hamás.
La administración estadounidense ha anunciado compromisos por valor de 5.000 millones de dólares destinados a la reconstrucción de Gaza, un territorio devastado tras más de dos años de conflicto armado. La iniciativa pretende consolidar la segunda fase del alto el fuego y establecer un mecanismo internacional para estabilizar la región.
El proyecto de reconstrucción responde a la magnitud de los daños causados en el enclave palestino. Informes de la Organización de las Naciones Unidas, junto al Banco Mundial y la Unión Europea, estiman que la reconstrucción total de Gaza podría superar los 70.000 millones de dólares.
La destrucción generalizada de infraestructuras civiles, viviendas y servicios básicos convierte el proceso en uno de los mayores retos de reconstrucción contemporáneos en una zona de conflicto activo. El compromiso económico anunciado por la Junta de Paz representa un primer paso, aunque todavía insuficiente frente a la magnitud del desafío.
La Junta de Paz surge como parte del plan estadounidense para sostener el alto el fuego alcanzado en octubre pasado entre Israel y Hamás, tras el conflicto iniciado con los ataques del 7 de octubre de 2023.
La iniciativa contempla la creación de una fuerza internacional de estabilización encargada de garantizar la seguridad interna en Gaza, supervisar el desarme del grupo islamista y apoyar la formación de estructuras policiales locales.
Entre los primeros compromisos confirmados figura la posible participación de Indonesia con hasta 8.000 efectivos en misiones humanitarias y de mantenimiento de la paz.
El desarme de Hamás constituye uno de los ejes centrales del plan. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha defendido que la desmilitarización debe incluir la entrega de armas ligeras, arsenales de cohetes, infraestructura de túneles y fábricas de armamento.
Según estimaciones israelíes, el grupo mantiene decenas de miles de fusiles de asalto y un complejo sistema subterráneo que ha sido clave en su estrategia militar. Sin embargo, algunos borradores del plan internacional sugieren la posibilidad de permitir temporalmente la posesión limitada de armas ligeras mientras se implementa el proceso de transición, lo que refleja las dificultades políticas y logísticas del desarme total.
La Junta de Paz no solo pretende abordar la crisis de Gaza, sino que también representa un intento de redefinir el papel de Estados Unidos en la gobernanza internacional. Trump ha planteado el organismo como una estructura capaz de resolver conflictos globales y ha sugerido que podría actuar como alternativa o complemento al sistema multilateral tradicional liderado por la ONU.
Esta visión ha generado cautela entre aliados occidentales, muchos de los cuales han evitado comprometerse plenamente por temor a que el nuevo organismo compita con instituciones internacionales consolidadas.
La composición política de la Junta también refleja una coalición heterogénea de países con intereses regionales y estratégicos en Oriente Próximo.
Entre los participantes figuran aliados políticos cercanos a Trump como el presidente argentino Javier Milei y el primer ministro húngaro Viktor Orbán, además de representantes de potencias regionales como Arabia Saudí, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. La primera ministra italiana Giorgia Meloni ha mostrado disposición a participar como observadora, lo que refleja el interés europeo, aunque con reservas.
El diseño institucional del organismo también ha generado debate. La estructura ejecutiva incluye figuras influyentes de la política estadounidense, como el secretario de Estado Marco Rubio, y personas cercanas al magnate, como su yerno y asesor presidencial Jared Kushner, e incluso el ex primer ministro británico Tony Blair.
El modelo prevé que Trump ejerza la presidencia del organismo de forma indefinida, lo que ha suscitado críticas diplomáticas y cuestionamientos sobre su independencia institucional y su equilibrio de poder.
Desde una perspectiva geopolítica, la creación de la Junta de Paz responde a un intento de Estados Unidos de mantener liderazgo en la resolución del conflicto de Oriente Medio mientras redefine su relación con el sistema multilateral.
El éxito del organismo dependerá de su capacidad para coordinar la reconstrucción económica, asegurar el desarme de Hamás y garantizar la estabilidad política en Gaza, tres objetivos que históricamente han demostrado ser complejos y altamente sensibles. @mundiario
