El revés judicial ha llegado en un momento especialmente sensible. Donald Trump calificó de “decepcionante” la sentencia de la Corte Suprema de EE UU que anula la mayor parte de los aranceles globales impuestos el año pasado, y arremetió contra los magistrados que respaldaron la decisión, a quienes acusó de actuar contra los intereses del país.
“Es una decisión terrible”, afirmó el mandatario en una comparecencia improvisada en la sala de prensa en la Casa Blanca, en la que sostuvo que el fallo limita injustificadamente la capacidad presidencial para imponer gravámenes por razones de seguridad económica y nacional. “Esos jueces son una vergüenza para nuestro país, son desleales con la Constitución (…) estoy avergonzado por ellos y porque no hayan decidido lo correcto para EEUU”, criticó el presidente de EE UU a los titulares del Poder Judicial.
La sentencia supone un límite claro al uso expansivo de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) como fundamento para aplicar aranceles sin autorización expresa del Congreso. El tribunal consideró que esta norma no otorga carta blanca al Ejecutivo para establecer gravámenes de alcance general.
Trump expresó su “gran desacuerdo” con esa interpretación y defendió que el fallo solo invalida “un uso particular” de los aranceles, pero no su autoridad general para regular el comercio exterior. Además, elogió a los tres magistrados conservadores que votaron en contra de la decisión —Clarence Thomas, Samuel Alito y Brett Kavanaugh— destacando especialmente la opinión disidente de este último.
Más allá del tono, el fallo reabre el debate sobre la separación de poderes en materia comercial y sobre el alcance de la autoridad presidencial frente al Congreso, titular constitucional del llamado power of the purse (el poder de la bolsa). “Este era un caso importante para mí como símbolo de seguridad económica y nacional”, en una crítica a las magistradas progresistas y a los conservadores discrepantes. El republicano también denunció que el alto tribunal “se ha visto sujeto a movimientos extranjeros” haya tomado esta decisión “después de arrasar en las elecciones, con todas las trampas que hubo”, en alusión una vez más a sus acusaciones de fraude en las elecciones de 2020.
Un viaje clave a Pekín en plena tormenta
La reacción de Trump coincide con la confirmación de su viaje a China entre el 31 de marzo y el 2 de abril, donde se reunirá con el presidente chino, Xi Jinping. Será su primera visita oficial al país asiático desde su regreso a la Casa Blanca y se produce en un contexto de tregua comercial frágil después de que el republicano le declarara la guerra arancelaria a todo el mundo.
Ambos líderes acordaron verse tras su último encuentro en Busan y han mantenido contactos telefónicos este mes. En la agenda figuran los aranceles mutuos, la continuidad del entendimiento comercial alcanzado el año pasado y la cuestión de Taiwán, especialmente sensible para Pekín.
La coincidencia temporal entre el fallo del Supremo y el anuncio del viaje podría hacer mella en la estrategia de fuerza que cultiva la Administración Trump para tratar con China, que fue uno de los pocos países que decidió aplicar medidas espejo y desató una escalada arancelaria con EE UU hasta que se pudo llegar a una tregua. Analistas señalan que la decisión judicial puede debilitar la posición negociadora de Washington al reducir la capacidad inmediata de presión arancelaria, aunque la Casa Blanca insiste en que dispone de “otras herramientas” legales.
Aranceles, Taiwán y equilibrio estratégico
En los últimos meses, la Administración estadounidense había combinado señales de distensión con medidas de firmeza. Pekín se comprometió a reforzar el control sobre el tráfico de fentanilo, aumentar compras agrícolas estadounidenses y flexibilizar restricciones a la exportación de tierras raras. A cambio, Washington moderó algunas amenazas arancelarias.
Sin embargo, la venta de armamento a Taiwán —territorio que China considera parte inalienable de su soberanía— ha vuelto a tensar la relación. El Gobierno chino ha reiterado su oposición a cualquier suministro militar estadounidense a la isla y ha advertido de que la cuestión afecta a su “integridad territorial”.
Trump ha reconocido que el tema estará sobre la mesa en su encuentro con Xi, lo que añade una dimensión geopolítica a unas conversaciones ya complejas en el terreno comercial. @mundiario
