Trump y el 11-S: la historia que cambió con los años y terminó en su discurso político

Hay tragedias que pertenecen a una sociedad entera y otras que, con el paso del tiempo, algunos intentan convertir en parte de su propio relato. El 11 de septiembre de 2001 es uno de los ejemplos más extremos. Para Donald Trump, entonces un conocido magnate inmobiliario de Nueva York, aquella jornada acabó incorporándose a una biografía pública que años después utilizaría también como argumento político.

Cuando los aviones impactaron contra las Torres Gemelas, Trump no estaba en la Zona Cero. Se encontraba en la Torre Trump, en Midtown, a más de seis kilómetros del World Trade Center. Horas después habló por teléfono con una televisión local y, al ser preguntado por el estado del 40 de Wall Street, uno de sus inmuebles, puso el foco en la altura del edificio.

Aquel detalle resulta revelador porque resume una constante que acompañaría posteriormente a su relato: incluso ante una catástrofe nacional, las propiedades y la marca Trump aparecían en primer plano. Además, su afirmación de que el edificio había recuperado el título de más alto del Bajo Manhattan no era correcta: el 70 de Pine Street seguía superándolo. Con los años, esa primera imagen fue adquiriendo nuevos elementos.

El rescate que no aparece en los registros

Ya convertido en figura política, Trump aseguró que había estado en la Zona Cero junto a bomberos y policías y que había pasado allí mucho tiempo. También afirmó haber enviado alrededor de 200 trabajadores de su organización para ayudar a retirar escombros y buscar supervivientes.

El problema es que los registros y testimonios citados en el texto no respaldan esa versión. Los responsables de emergencias y representantes sindicales señalaban que el acceso al área estaba restringido a personal autorizado. Tampoco aparecen registros que acrediten aquella supuesta brigada de trabajadores.

La documentación disponible sitúa a Trump en los alrededores del desastre el 13 de septiembre, dos días después de los atentados, pero no realizando labores de rescate.

La distancia entre ambas versiones no es un detalle menor: muestra cómo un acontecimiento vivido desde fuera terminó transformándose, en el discurso político, en una experiencia mucho más cercana y heroica.

Cuando el recuerdo se convirtió en herramienta política

La evolución más polémica llegó durante la campaña presidencial de 2015 y 2016. Trump afirmó haber visto en Jersey City a miles de musulmanes celebrando el derrumbe de las Torres Gemelas. No se encontraron registros policiales, televisivos o periodísticos que respaldaran semejante escena.

También sostuvo que había visto desde su apartamento a personas saltando de las torres. Pero la ubicación de la Torre Trump, la distancia superior a seis kilómetros y los obstáculos urbanos hacen extremadamente improbable que pudiera distinguir a personas concretas a simple vista.

El problema dejó de ser únicamente qué recordaba Trump y pasó a ser para qué utilizaba esos recuerdos. Aquellas afirmaciones fueron empleadas en un discurso político que vinculaba el 11-S con la inmigración musulmana y la seguridad nacional.

A ello se suma la controversia por los 150.000 dólares recibidos para el 40 de Wall Street de un fondo destinado a pequeñas empresas afectadas por la tragedia.

Veinticinco años después, el caso ofrece una lectura más amplia: el 11-S no solo transformó Nueva York y Estados Unidos. También se convirtió, en manos de Trump, en un territorio narrativo donde memoria, negocios y política terminaron mezclándose. @mundiario