Un episodio ocurrido hace más de quince años en la noche de Melbourne ha irrumpido con fuerza en la actualidad internacional tras convertirse en objeto de una investigación policial. Las autoridades del estado de Victoria han confirmado que su unidad especializada en delitos sexuales analiza una denuncia relacionada con un supuesto incidente ocurrido en 2010 en un establecimiento del centro de la ciudad, sin mencionar oficialmente a las personas implicadas, aunque se presume que se trata del caso entre Ruby Rose y Katy Perry.
El caso salió a la luz cuando Rose utilizó sus redes sociales para relatar un episodio que, según su testimonio, habría sufrido cuando apenas superaba la veintena. En sus publicaciones —posteriormente eliminadas— señalaba directamente a la cantante Katy Perry como responsable de una agresión sexual ocurrida en una discoteca de Melbourne durante el verano de 2010. La actriz aseguró que le llevó casi dos décadas verbalizar lo sucedido, subrayando el impacto duradero del trauma.
A raíz de estas declaraciones, la policía confirmó que ha sido informada de un incidente en un local con licencia en el centro de la ciudad y que la investigación sigue en curso, lo que limita cualquier detalle adicional. La prensa australiana ha vinculado rápidamente este proceso con las acusaciones difundidas por Rose, una relación que la propia actriz ha reconocido al confirmar que ha trasladado el caso a las autoridades, motivo por el cual ha decidido guardar silencio público.
Mientras tanto, el entorno de la intérprete de éxitos globales ha reaccionado con contundencia. El equipo de Perry ha calificado las acusaciones de “completamente falsas” y ha advertido de que se trata de afirmaciones “peligrosas e irresponsables”. Además, han cuestionado el historial de la denunciante, señalando episodios anteriores en los que, según sostienen, sus acusaciones públicas habrían sido desmentidas.
El contexto del supuesto incidente también ha sido objeto de revisión. Un antiguo responsable del local nocturno mencionado —ya cerrado— ha descrito el ambiente de aquella noche como caótico, con cientos de personas y dificultades para controlar la seguridad. Según su versión, ambas celebridades compartieron espacio en la zona VIP junto a otros acompañantes y abandonaron el lugar juntas, sin que él tuviera constancia de ningún episodio de gravedad.
En paralelo, la artista estadounidense ha optado por no pronunciarse directamente sobre la polémica. Durante los últimos días, su actividad en redes sociales se ha limitado a mensajes genéricos dirigidos a sus seguidores, evitando cualquier referencia explícita a las acusaciones.
El caso se sitúa ahora en el terreno judicial y mediático, con una investigación que deberá esclarecer los hechos en un contexto especialmente delicado: el de denuncias tardías por agresión sexual, donde el paso del tiempo, la falta de pruebas físicas y la confrontación de relatos complican el proceso. Mientras tanto, la atención pública se mantiene sobre dos figuras internacionales cuya reputación se ve inevitablemente afectada por la evolución de este proceso. @mundiario

