Un ridículo de 400 millones puede costarle el descenso a uno de los grandes de la Premier

El fútbol inglés asiste atónito al colapso absoluto de uno de los miembros más ilustres del selecto Big Six. La caída libre del Tottenham amenaza con consumar una de las debacles deportivas más sonadas en la historia de las islas británicas. El estupor es mayúsculo en el norte de Londres: se trata de una institución que dinamitó el mercado estival con una inversión cercana a los 400 millones de euros, pero cuyo multimillonario desembolso no ha encontrado correlato alguno sobre el terreno de juego.

Consumado el primer mes de competición oficial, el panorama es simplemente desolador. Los Spurs ocupan el fondo de la tabla de la Premier League como colistas solitarios, con una cosecha paupérrima de dos puntos sobre quince posibles. El cuadro londinense se debate en las profundidades junto al Fulham de Álvaro Arbeloa y mira desde abajo a proyectos de presupuesto infinitamente menor como el Coventry City o el Bournemouth. A nivel ofensivo el arranque rozó el esperpento tras encadenar cuatro jornadas completas sin ver puerta, estrenando su casillero goleador apenas en la reciente derrota en casa (2-3) frente al Aston Villa de Unai Emery.

La hemorragia en el campeonato doméstico, agravada por una tempranera y dolorosa eliminación en la Carabao Cup a manos del Liverpool (3-1), no hace más que reavivar una pesadilla recurrente. El fantasma del descenso sobrevuela de nuevo el New Tottenham Hotspur Stadium, recordando con crudeza las dos temporadas precedentes, en las que el club coqueteó con el abismo tras sellar agónicos decimoséptimos puestos de manera consecutiva. La sensación de naufragio colectivo es absoluta.

Como era de esperar, el incendio no tardó en extenderse a la sala de prensa, donde Roberto De Zerbi optó por prender la mecha ante los micrófonos. Tras el doloroso asalto de los Villans, el estratega italiano —blindado en su momento con un contrato de larga duración hasta 2031— no eludió la autocrítica y apuntó directamente al corazón del vestuario con un misil teledirigido: «En toda mi carrera, 14 años como entrenador, nunca he visto un equipo como el nuestro. Tan frágil, tan irregular».

La crudeza del discurso resonó con ecos familiares e inquietantes en los pasillos de la entidad. Las demoledoras declaraciones de De Zerbi evocaron de inmediato los desplantes y las amargas despedidas de antecesores como José Mourinho o Antonio Conte, quienes en su día señalaron con idéntica vehemencia la falta de carácter de una plantilla incapaz de responder bajo presión. Con la tormenta perfecta desatada, el banquillo de los Spurs vuelve a arder mientras el proyecto se precipita hacia una crisis de consecuencias impredecibles.

Descanso en el abismo y el ultimátum de Old Trafford

La perplejidad en el entorno londinense aumentó todavía más al desvelarse la gestión del vestuario tras el bochorno liguero. Según adelantó The Telegraph, la plantilla no internacional del Tottenham ha recibido una semana entera de vacaciones en pleno parón de selecciones. Resulta incomprensible para la grada que, tras quejarse amargamente de la condición física de sus futbolistas, el cuerpo técnico premie con días libres a un grupo sumido en el último escalón de la clasificación.

De Zerbi no dudó en señalar directamente con nombres y apellidos a varias de las piezas pesadas del vestuario, exigiéndoles un salto cualitativo urgente: «Los demás jugadores —Maddison, Gallagher, Solanke, Tosin, Senesi, Savio— sin duda tienen que trabajar más porque, en cuanto a la condición física, ni siquiera me gustó este partido». La desconexión entre la propuesta técnica y la respuesta de los futbolistas amenaza con devorar el crédito del estratega transalpino en apenas catorce encuentros en el banquillo.

El calendario de la Premier no ofrecerá tregua ni margen para la diplomacia a la vuelta del receso internacional. El Tottenham deberá viajar hasta Mánchester para medirse en Old Trafford al Manchester United en una sexta jornada que se anticipa como un juicio sumarísimo. Su homólogo Michael Carrick también se encuentra en la cuerda floja, configurando un duelo a vida o muerte donde el técnico derrotado difícilmente conservará su puesto de trabajo.

La inversión multimillonaria del verano ha quedado eclipsada por la falta de identidad y el desinterés competitivo sobre el césped. Ni los galones de Tonali en la medular ni el desborde esporádico de Savinho han logrado dotar de alma a un colectivo anestesiado. El contraste entre la opulencia de sus gradas para acoger giras de pop mundial y la miseria de sus marcadores deportivos retrata la mayor crisis institucional de la última década en el norte de Londres.

El crédito de De Zerbi se agota por momentos en un vestuario acostumbrado a triturar entrenadores de renombre sin asumir responsabilidades individuales. Si el parón de descanso no produce una reacción de orgullo inmediata en Old Trafford, la aventura del técnico italiano tocará a su fin mucho antes de lo previsto. En el feudo spur, el espectáculo hace tiempo que dejó de pertenecer a los futbolistas para quedar en manos de las estrellas de la música. @mundiario