El conflicto no gira, al menos de forma directa, sobre la eliminación del derecho al voto, sino sobre cómo deben identificarse determinados ciudadanos estadounidenses que viven en el extranjero. A finales de agosto, el Departamento de Defensa modificó los formularios federales utilizados para solicitar el voto desde fuera de Estados Unidos y retiró una opción que permitía indicar que el ciudadano era estadounidense pese a no haber residido nunca en el país.
La modificación adquiere importancia porque esa situación no es excepcional. Puede darse, por ejemplo, entre personas nacidas en otros países cuyos padres son ciudadanos estadounidenses. En algunos casos, la legislación estatal permite que estas personas participen en elecciones federales aunque nunca hayan vivido físicamente en Estados Unidos.
Según la información disponible, al menos 38 Estados y Washington D. C. contemplan mecanismos para que determinados ciudadanos de este grupo puedan votar. Los requisitos, sin embargo, no son idénticos en todo el país y pueden depender de los vínculos familiares o de la residencia anterior de alguno de sus progenitores.
La discusión está en el procedimiento
El Departamento de Defensa defiende que la modificación buscaba evitar dudas sobre quién puede votar y qué información debe proporcionar cada solicitante. Además, el Gobierno recurrió a un procedimiento de emergencia al considerar que quedaba poco tiempo antes de las elecciones.
Ahí aparece uno de los principales puntos de fricción. Los demócratas sostienen ante un tribunal federal que el Gobierno actuó de manera irregular y que un cambio de estas características debería haber seguido el procedimiento administrativo ordinario, con la posibilidad de recibir comentarios públicos.
La controversia, por tanto, tiene dos dimensiones. Una es electoral: qué opciones aparecen ante una persona cuando solicita una papeleta. La otra es administrativa: qué margen tiene una agencia federal para modificar documentos electorales a pocas semanas de unos comicios.
La diferencia puede parecer burocrática, pero en unas elecciones con millones de votantes potenciales en el extranjero, cualquier modificación de los formularios puede tener consecuencias prácticas.
El problema de la confusión antes de las elecciones
El Programa Federal de Asistencia Electoral calcula que unos 2,2 millones de estadounidenses residentes fuera del país reúnen los requisitos para votar. En las elecciones de 2024 participó aproximadamente el 11 % de ese colectivo.
No se sabe con precisión cuántos de ellos pertenecen a la categoría afectada por el cambio. Un informe gubernamental de 2016 calculó que alrededor de 11.590 ciudadanos podían encontrarse entonces en esa situación, aunque esa cifra no permite determinar cuántas personas están afectadas actualmente.
Las organizaciones que trabajan con votantes en el extranjero han señalado otro posible efecto: que el nuevo formulario no necesariamente reduzca las dudas, sino que provoque nuevas preguntas entre quienes no encajan claramente en las opciones disponibles.
Mientras continúa la disputa judicial, los ciudadanos que cumplan los requisitos electorales pueden recurrir a las alternativas establecidas por sus respectivos Estados. Además, los funcionarios electorales estatales pueden seguir procesando versiones anteriores de los formularios.
El caso pone así el foco en un elemento poco visible de las elecciones estadounidenses: una casilla de un formulario puede convertirse en un asunto judicial cuando determina cómo un votante interpreta su propia situación electoral. @mundiario
