Según informa la televisión estatal CCTV, la Administración Meteorológica de China ha declarado la alerta amarilla al extenderse la tormenta de arena por las provincias de Gansu, Shanxi y Hebei, que rodea a Pekín. El índice que mide la calidad del aire, que debe estar por debajo de 50 y cuyo nivel máximo es 500, se salió de la tabla y las partículas flotantes PM10 superaron los 8.000 microgramos por metro cúbico en algunos distritos del norte y el centro de la capital. Por su parte, las más pequeñas y capaces de infiltrarse en los pulmones (PM 2,5), estuvieron en torno a los 300 microgramos por metro cúbico, un nivel considerado muy peligroso por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Cada primavera, el norte de China se ve azotado por tormentas de arena procedentes de desierto del Gobi, que sigue avanzando pese a los programas de reforestación de los últimos años. Sumiendo a megalópolis como Pekín en una nube marrón propia de una película apocalíptica, dichas tormentas agravan la contaminación que sufre la China industrial. Aunque la situación ha mejorado considerablemente con respecto a 2013, cuando las autoridades impusieron un nuevo sistema de alarmas porque una neblina de polución cubría constantemente Pekín, los cielos grises están volviendo desde el año pasado.

