Von der Leyen y Kallas chocan por el control de la diplomacia europea

La discusión sobre el futuro de la política exterior europea ha dejado de ser un asunto técnico. Detrás de la propuesta francoalemana para reorganizar el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) se encuentra una cuestión mucho más profunda: quién debe tener la última palabra cuando la UE intenta actuar como una potencia global.

El plan plantea integrar el SEAE dentro de la Comisión Europea y convertirlo en una estructura dependiente del Ejecutivo comunitario. Sobre el papel, la reforma pretende acabar con duplicidades y hacer más rápida y coherente la respuesta europea. En la práctica, también reforzaría considerablemente la posición de Ursula von der Leyen.

La alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, perdería parte de la autonomía institucional de su puesto y pasaría a desarrollar sus funciones dentro de la estructura de la Comisión. El cambio podría simplificar el sistema, pero también modificar el delicado equilibrio entre las instituciones europeas y los Gobiernos nacionales.

Kallas planta cara a Von der Leyen

La resistencia de Kallas refleja precisamente ese temor. La política estonia defiende que el problema de la diplomacia europea no está necesariamente en los tratados, sino en que las instituciones no utilizan de forma eficaz las competencias que ya tienen.

Su alternativa pasa por reforzar el SEAE sin convertirlo en una dirección general de la Comisión. También reclama una mejor coordinación con los Estados miembros y fórmulas que permitan evitar que la exigencia de unanimidad bloquee continuamente las decisiones exteriores.

El enfrentamiento no es nuevo. Durante la legislatura han aparecido diferencias sobre cuestiones como la guerra de Ucrania, las relaciones con Estados Unidos y, especialmente, la posición europea ante Israel. Oriente Medio se ha convertido en uno de los principales escaparates de las dificultades de la UE para mantener una línea común.

Para Kallas, una diplomacia europea más contundente necesita conservar un espacio propio frente a la Comisión. Para quienes respaldan la reforma, precisamente esa separación es parte del problema que provoca respuestas lentas y mensajes contradictorios.

El factor español y la batalla que viene

España observa la disputa desde una posición especialmente relevante. Madrid se encuentra entre los países que han reclamado una postura más dura frente a Israel y ha defendido medidas contra los asentamientos en territorio palestino. Esa posición acerca sus planteamientos a algunas de las iniciativas promovidas por Kallas.

La discusión, por tanto, no se limita a decidir qué oficina tendrá más competencias. También afecta a la capacidad de los países pequeños para influir en la política exterior comunitaria y al papel que desempeñarán los Gobiernos nacionales frente al creciente peso de la Comisión.

La próxima batalla será política. Bruselas afronta el nuevo curso con las negociaciones presupuestarias, las tensiones geopolíticas y una relación cada vez más compleja con Washington como telón de fondo. El discurso sobre el estado de la Unión de Von der Leyen, previsto para el 16 de septiembre, ofrecerá una primera pista sobre si ambas posiciones pueden acercarse o si la pugna por el control de la diplomacia europea acaba de empezar. @mundiario